Regreso a La Coctelera aquí me están "puteando" como SPAM, y no puedo publicar.
Plácido
PD. Siento que allí la pareja de la foto se ve peor, es más pequeña.
viernes, 16 de febrero de 2007
Un principio anodino, de Luis del Pino en El Mundo
EL BLOC DE LUIS DEL PINO
Inercia. Comienza el juicio del 11-M. Durante tres años, hemos estado avisando de que nos ocultaban los informes de explosivos de los trenes, que todo el caso está basado en pruebas sobre las que pesan graves sospechas de falsedad. Los hechos han venido a darnos la razón. Los nuevos análisis químicos han revelado que en los focos de los trenes pudieron estallar unas bombas que nada tienen que ver con la Goma 2 ECO en que está cimentada la versión oficial. Hubiera sido normal aplazar el comienzo del juicio hasta aclarar las dudas que existen sobre el arma del crimen, pero la maquinaria judicial no puede ya detenerse: se quiere juzgar a estos precisos imputados y se quiere hacerlo ya. La inercia ha ganado la primera batalla. Aunque no está mal que podamos, por fin, interrogar a los testigos sobre tanto enigma pendiente.
Generalidades. Sin sorpresas en la sesión inaugural. Gómez Bermúdez no va a dejar que un juicio tan complejo se le escape de las manos y rechaza los intentos de plantear cuestiones previas. Se entra directamente a interrogar a los acusados, en el orden marcado por la fiscal. Hubiera sido más lógico comenzar por los autores materiales, porque permitiría a la opinión pública entender mejor qué relación tiene el juicio con los hechos. Pero Olga Sánchez ha preferido enfriar las expectativas y ha elegido comenzar por los presuntos ideólogos de los atentados. Se ha hablado mucho, por tanto, de las tendencias islamistas de uno de los imputados, pero poco del propio 11-M. Quien haya seguido la sesión, sale hoy con la misma idea del atentado que tenía ayer.
Condena. Mohamed El Egipcio ha declarado primero. No estaba en España el 11 de marzo de 2004 y ni siquiera sabía cuánta gente había muerto en Leganés, pero le acusan de ser el autor intelectual de la masacre. Niega cualquier participación en los hechos, cosa lógica, pero también ha condenado la matanza del 11-M. ¿Éste es, de verdad, un peligroso líder islamista?
© Mundinteractivos, S.A.
Inercia. Comienza el juicio del 11-M. Durante tres años, hemos estado avisando de que nos ocultaban los informes de explosivos de los trenes, que todo el caso está basado en pruebas sobre las que pesan graves sospechas de falsedad. Los hechos han venido a darnos la razón. Los nuevos análisis químicos han revelado que en los focos de los trenes pudieron estallar unas bombas que nada tienen que ver con la Goma 2 ECO en que está cimentada la versión oficial. Hubiera sido normal aplazar el comienzo del juicio hasta aclarar las dudas que existen sobre el arma del crimen, pero la maquinaria judicial no puede ya detenerse: se quiere juzgar a estos precisos imputados y se quiere hacerlo ya. La inercia ha ganado la primera batalla. Aunque no está mal que podamos, por fin, interrogar a los testigos sobre tanto enigma pendiente.
Generalidades. Sin sorpresas en la sesión inaugural. Gómez Bermúdez no va a dejar que un juicio tan complejo se le escape de las manos y rechaza los intentos de plantear cuestiones previas. Se entra directamente a interrogar a los acusados, en el orden marcado por la fiscal. Hubiera sido más lógico comenzar por los autores materiales, porque permitiría a la opinión pública entender mejor qué relación tiene el juicio con los hechos. Pero Olga Sánchez ha preferido enfriar las expectativas y ha elegido comenzar por los presuntos ideólogos de los atentados. Se ha hablado mucho, por tanto, de las tendencias islamistas de uno de los imputados, pero poco del propio 11-M. Quien haya seguido la sesión, sale hoy con la misma idea del atentado que tenía ayer.
Condena. Mohamed El Egipcio ha declarado primero. No estaba en España el 11 de marzo de 2004 y ni siquiera sabía cuánta gente había muerto en Leganés, pero le acusan de ser el autor intelectual de la masacre. Niega cualquier participación en los hechos, cosa lógica, pero también ha condenado la matanza del 11-M. ¿Éste es, de verdad, un peligroso líder islamista?
© Mundinteractivos, S.A.
Control, de Arcadi Espada en El Mundo
ZOOM
El diputado Mascarell abandonará en los próximos días su escaño en el Parlament de Cataluña y empezará a trabajar en la empresa privada. Se trata de cualquier cosa menos de una noticia local. El diputado Mascarell fue consejero en el último Gobierno de Maragall; y entre los consejeros de todos los gobiernos que ha formado el tripartito era de los pocos que sabía lo que llevaba entre manos. Esto es muy fácil de entender si se piensa que el consejero Joan Saura está al frente de la Policía Autonómica, Ernest Maragall al frente de Educación o Marina Gili al frente de la Sanidad Homeopática, Acupuntora y Alternativa.
El diputado Mascarell lleva 25 años dedicándose a la política cultural. No es que sea el español que más entiende del asunto; es que es el único. Tiene otra característica: todo el mundo, ya se ve mi caso, habla bien de él. Excepto su partido, naturalmente; pero es conocido que los vínculos con la realidad de ese partido son enteramente discutibles: los del partido socialista y en especial los de don José Montilla (toda una confortable vida en el sector público), que después de echar al consejero Mascarell de su sitio para que lo ocupase una cuota de Esquerra Republicana han sido incapaces de ofrecerle algo más que un escaño, es decir, un trabajo.
El asunto ilumina a la perfección la materia oscura de la política. En primer lugar las relaciones de poder en los partidos. El diputado Mascarell fue mirado siempre con aprensión por los profesionales de la siglas. La única razón es que no estaba bajo su control. Y no hay otra, por mucho que miren. La perfecta mediocridad de esos profesionales no tiene ninguna explicación misteriosa: dedican muchas horas al Control y muy pocas a cultivar su jardín. El conocimiento y la libertad pueden ser interesantes, pero no garantizan ni la nómina ni la fama: esto es cosa del Control, que no por casualidad es una marca de condones.
El caso, en su proyección, va bastante más allá de la crítica convencional a los aparatchiks. Cuando la función pública expulsa a un experto como Mascarell está dando la medida de sí misma y de lo que los ciudadanos pueden esperar de ella. El caso es también el enésimo indicio de una hipótesis por la que tal vez pueda explicarse parte de la historia moderna de España y el inhóspito presente: la indigencia intelectual, profunda, contagiosa, muy extendida, de unos dirigentes que para disimular su vacuidad suelen blindarse en el clan y el griterío.
(Coda: «Aquél que tiene derecho a voto en esta legislación se llama ciudadano. La única cualidad exigida para ello (...) es ésta: que uno sea su propio señor (sui iuris) y, por tanto, que tenga alguna propiedad (incluyendo en este concepto toda habilidad, oficio, arte o ciencia) que le mantenga; es decir, que en los casos en que haya de ganarse la vida gracias a los otros lo haga sólo por venta de lo que es suyo». (Kant, Teoría y Práctica, Alianza 2004.)
© Mundinteractivos, S.A.
El diputado Mascarell abandonará en los próximos días su escaño en el Parlament de Cataluña y empezará a trabajar en la empresa privada. Se trata de cualquier cosa menos de una noticia local. El diputado Mascarell fue consejero en el último Gobierno de Maragall; y entre los consejeros de todos los gobiernos que ha formado el tripartito era de los pocos que sabía lo que llevaba entre manos. Esto es muy fácil de entender si se piensa que el consejero Joan Saura está al frente de la Policía Autonómica, Ernest Maragall al frente de Educación o Marina Gili al frente de la Sanidad Homeopática, Acupuntora y Alternativa.
El diputado Mascarell lleva 25 años dedicándose a la política cultural. No es que sea el español que más entiende del asunto; es que es el único. Tiene otra característica: todo el mundo, ya se ve mi caso, habla bien de él. Excepto su partido, naturalmente; pero es conocido que los vínculos con la realidad de ese partido son enteramente discutibles: los del partido socialista y en especial los de don José Montilla (toda una confortable vida en el sector público), que después de echar al consejero Mascarell de su sitio para que lo ocupase una cuota de Esquerra Republicana han sido incapaces de ofrecerle algo más que un escaño, es decir, un trabajo.
El asunto ilumina a la perfección la materia oscura de la política. En primer lugar las relaciones de poder en los partidos. El diputado Mascarell fue mirado siempre con aprensión por los profesionales de la siglas. La única razón es que no estaba bajo su control. Y no hay otra, por mucho que miren. La perfecta mediocridad de esos profesionales no tiene ninguna explicación misteriosa: dedican muchas horas al Control y muy pocas a cultivar su jardín. El conocimiento y la libertad pueden ser interesantes, pero no garantizan ni la nómina ni la fama: esto es cosa del Control, que no por casualidad es una marca de condones.
El caso, en su proyección, va bastante más allá de la crítica convencional a los aparatchiks. Cuando la función pública expulsa a un experto como Mascarell está dando la medida de sí misma y de lo que los ciudadanos pueden esperar de ella. El caso es también el enésimo indicio de una hipótesis por la que tal vez pueda explicarse parte de la historia moderna de España y el inhóspito presente: la indigencia intelectual, profunda, contagiosa, muy extendida, de unos dirigentes que para disimular su vacuidad suelen blindarse en el clan y el griterío.
(Coda: «Aquél que tiene derecho a voto en esta legislación se llama ciudadano. La única cualidad exigida para ello (...) es ésta: que uno sea su propio señor (sui iuris) y, por tanto, que tenga alguna propiedad (incluyendo en este concepto toda habilidad, oficio, arte o ciencia) que le mantenga; es decir, que en los casos en que haya de ganarse la vida gracias a los otros lo haga sólo por venta de lo que es suyo». (Kant, Teoría y Práctica, Alianza 2004.)
© Mundinteractivos, S.A.
La noche nuclear, de Luis María Anson en El Mundo
CANELA FINA
Stephen Hawking, Premio Príncipe de Asturias, hombre que derrama sagacidad y luz desde su universo reducido a una silla de ruedas, acaba de decir en Londres, en un encuentro científico: «Desde Hiroshima y Nagasaki no se han empleado armas nucleares en guerras, aunque hemos estado demasiado cerca en más de una ocasión. Si no fuera por nuestra buena suerte, estaríamos todos muertos. Si los gobiernos y la sociedad no actúan ahora mismo para destruir las armas nucleares e impedir más cambios climáticos, nos enfrentaremos a gravísimos peligros».
Rusia y Estados Unidos mantienen intactos sus arsenales nucleares. Inglaterra y Francia no ceden en sus posiciones. China incrementa su potencia atómica. India, Pakistán e Israel tienen ya capacidad para la guerra nuclear. Irán, y, aunque titubeante, Corea del Norte quieren sumarse al club del horror porque, como decía Mao Tsé-tung, «aquí no se sienta uno a la gran mesa de la negociación internacional si no lleva la bomba atómica en el bolsillo». Carlos París, en su Crítica de la civilización nuclear, reflexiona en torno al riesgo que ha asumido la Humanidad. Caminamos sobre el filo del átomo.
Stephen Hawking tiene razón. Por primera vez en la Historia, el hombre puede hacer realidad el Apocalipsis. Un conflicto nuclear nos dejaría a todos muertos. Meditar sobre la advertencia de Hawking, sobrecoge. Por eso parece lógico impedir que dictadores como los de Corea del Norte o Persia puedan disponer del arma atómica y por fanatismo ideológico comunista o por reacción de fundamentalismo islámico puedan echarlo todo a rodar. Ciertamente, quien mantiene su arsenal atómico intacto, como Estados Unidos, tiene poca autoridad moral para prohibir al presidente de Persia la paralización de su desarrollo nuclear. Pero estremece pensar lo que pueda pasar a la Humanidad si aceptamos que pequeñas naciones, con el odio anticolonial temblando todavía en sus fronteras, dispongan de armamento atómico.
Khruschef quería doblegar a Estados Unidos pero, cuando Kennedy se puso serio, la escuadra nuclear soviética dio marcha atrás y renunció a establecer en Cuba la amenaza nuclear. Khruschef estaba al frente de una poderosa nación y predominaba en él el sentido común. Ahmadineyad o Kim Song son dos fanáticos autoritarios que pueden encender, en reacción convulsiva, el polvorín nuclear. Y más vale prevenir que curar. El mundo tiene la obligación moral, como ha pedido Hawking, de negociar con esos dos personajes inquietantes de Corea y Persia para taponar su inquietante camino hacia el armamento nuclear.
Menos mal, eso sí, que reyes y presidentes de todo el mundo, científicos e intelectuales, se dirigen ya a Rodríguez Zapatero para que el líder español encienda su lucecita de Moncloa y exponga ante los ojos asombrados del mundo su solución para paralizar en Irán y Corea del Norte la carrera del armamento atómico, la noche nuclear que se cierne sobre el mundo. Todos esperan del presidente por accidente que arbitre una fórmula magistral como la alianza de civilizaciones o el plan de paz para Oriente Medio. Se resolvería así la eventual amenaza nuclear que puede descargarse desde Irán y que alarma a personajes tan indiscutidos como Stephen Hawking. Seguro que el gran científico se muere de gusto si nada menos que todo un Zapatero dedica algunos minutos a atender sus preocupaciones.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
© Mundinteractivos, S.A.
Stephen Hawking, Premio Príncipe de Asturias, hombre que derrama sagacidad y luz desde su universo reducido a una silla de ruedas, acaba de decir en Londres, en un encuentro científico: «Desde Hiroshima y Nagasaki no se han empleado armas nucleares en guerras, aunque hemos estado demasiado cerca en más de una ocasión. Si no fuera por nuestra buena suerte, estaríamos todos muertos. Si los gobiernos y la sociedad no actúan ahora mismo para destruir las armas nucleares e impedir más cambios climáticos, nos enfrentaremos a gravísimos peligros».
Rusia y Estados Unidos mantienen intactos sus arsenales nucleares. Inglaterra y Francia no ceden en sus posiciones. China incrementa su potencia atómica. India, Pakistán e Israel tienen ya capacidad para la guerra nuclear. Irán, y, aunque titubeante, Corea del Norte quieren sumarse al club del horror porque, como decía Mao Tsé-tung, «aquí no se sienta uno a la gran mesa de la negociación internacional si no lleva la bomba atómica en el bolsillo». Carlos París, en su Crítica de la civilización nuclear, reflexiona en torno al riesgo que ha asumido la Humanidad. Caminamos sobre el filo del átomo.
Stephen Hawking tiene razón. Por primera vez en la Historia, el hombre puede hacer realidad el Apocalipsis. Un conflicto nuclear nos dejaría a todos muertos. Meditar sobre la advertencia de Hawking, sobrecoge. Por eso parece lógico impedir que dictadores como los de Corea del Norte o Persia puedan disponer del arma atómica y por fanatismo ideológico comunista o por reacción de fundamentalismo islámico puedan echarlo todo a rodar. Ciertamente, quien mantiene su arsenal atómico intacto, como Estados Unidos, tiene poca autoridad moral para prohibir al presidente de Persia la paralización de su desarrollo nuclear. Pero estremece pensar lo que pueda pasar a la Humanidad si aceptamos que pequeñas naciones, con el odio anticolonial temblando todavía en sus fronteras, dispongan de armamento atómico.
Khruschef quería doblegar a Estados Unidos pero, cuando Kennedy se puso serio, la escuadra nuclear soviética dio marcha atrás y renunció a establecer en Cuba la amenaza nuclear. Khruschef estaba al frente de una poderosa nación y predominaba en él el sentido común. Ahmadineyad o Kim Song son dos fanáticos autoritarios que pueden encender, en reacción convulsiva, el polvorín nuclear. Y más vale prevenir que curar. El mundo tiene la obligación moral, como ha pedido Hawking, de negociar con esos dos personajes inquietantes de Corea y Persia para taponar su inquietante camino hacia el armamento nuclear.
Menos mal, eso sí, que reyes y presidentes de todo el mundo, científicos e intelectuales, se dirigen ya a Rodríguez Zapatero para que el líder español encienda su lucecita de Moncloa y exponga ante los ojos asombrados del mundo su solución para paralizar en Irán y Corea del Norte la carrera del armamento atómico, la noche nuclear que se cierne sobre el mundo. Todos esperan del presidente por accidente que arbitre una fórmula magistral como la alianza de civilizaciones o el plan de paz para Oriente Medio. Se resolvería así la eventual amenaza nuclear que puede descargarse desde Irán y que alarma a personajes tan indiscutidos como Stephen Hawking. Seguro que el gran científico se muere de gusto si nada menos que todo un Zapatero dedica algunos minutos a atender sus preocupaciones.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
© Mundinteractivos, S.A.
¿Cuándo aprenderán los 'neocons' la lección de Irak?, de Francis Fukuyama en El Mundo
TRIBUNA LIBRE
En la actualidad, Estados Unidos gasta en solitario la misma suma de dinero que todo el resto del mundo junto en su aparato militar. Por tanto, merece la pena reflexionar sobre las razones por las que resulta que, después de casi cuatro años de esfuerzo bélico, de la pérdida de miles de vidas norteamericanas y de un desembolso de alrededor de medio billón de dólares, EEUU no ha conseguido pacificar un pequeño país, como Irak, de unos 24 millones de habitantes, y mucho menos aún conducirlo hacia algo que se parezca remotamente a una democracia con futuro.
Una posible respuesta es que la naturaleza de la política global ha cambiado en muchos aspectos durante la primera década del siglo XXI. El mundo de nuestros días -al menos en esa franja de inestabilidad que se extiende desde el norte de Africa hasta Oriente Medio, y a lo largo del Africa subsahariana y Asia central- se caracteriza por un número considerable de estados débiles y, en ocasiones, fallidos, así como por agentes transnacionales capaces de trasladarse de manera fluída a través de fronteras internacionales, animados por esas mismas posibilidades tecnológicas que ha producido la globalización. Estados como Afganistán, Paquistán, Irak, el Líbano, Somalia, Palestina, entre un sinfín de muchos otros, no son capaces de ejercer el control de la soberanía sobre su propio territorio y ceden poder e influencia a grupos terroristas como Al Qaeda, a mezclas de partidos políticos y milicias como Hizbulá en el Líbano, o a facciones diversas de índole racial y sectaria en otros países.
La doctrina militar norteamericana ha entronizado, en primer lugar, el recurso a una fuerza apabullante, aplicada de forma brusca y decisiva, para derrotar al enemigo. Sin embargo, en un mundo en el que insurgentes y milicianos se despliegan entre la población civil sin dejarse ver, una fuerza apabullante es casi siempre contraproducente: se enajenan, precisamente, las simpatías de quienes tienen que romper con los combatientes más fanáticos y negarles la capacidad para moverse con libertad. La variante de campaña antiinsurgencia que se necesita para derrotar a milicianos y terroristas transnacionales sitúa los objetivos políticos por delante de los militares y ha de hacer hincapié en ganarse los corazones y las mentes antes que en arrollar y meter miedo en el lugar de acción.
La segunda lección que debería haberse sacado de los últimos cinco años es que la guerra preventiva no puede convertirse en la base de la estrategia norteamericana de no proliferación de armamento nuclear en el planeta a largo plazo. La doctrina del Gobierno de Bush pretendía utilizar la guerra preventiva contra Irak como fórmula para hacer evidente, ante posibles aspirantes a convertirse en potencias nuclear, que se había incrementado el coste de avanzar hasta el umbral de la nuclearización. Desgraciadamente, el coste para Estados Unidos ha sido tan desmesurado que la lección que ha enseñado ha sido exactamente la contraria: el efecto disuasorio del poder convencional norteamericano es escaso y, de hecho, las probabilidades de una guerra preventiva disminuyen cuando un país consigue cruzar dicho umbral.
Una última lección que se debería haber sacado de la Guerra de Irak es que el actual Gobierno estadounidense ha demostrado una incompetencia supina en su gestión política del día a día. Uno de los aspectos más sorprendentes es lo mal que se ha desempeñado en el cumplimiento de los ambiciosos objetivos que él mismo se marcó. En Irak, el Gobierno ha actuado como un enfermo trastornado por un déficit de atención. EEUU ha culminado con éxito la organización eficaz de acontecimientos clave en Irak como, por ejemplo, el traspaso de soberanía del 30 de junio de 2004 o las elecciones del 30 de enero de 2005. Sin embargo, se ha estrellado en la formación de las fuerzas armadas iraquíes, en el nombramiento de embajadores, a la hora de exigir la debida diligencia a los adjudicatarios de contratos y, por encima de todo, se ha estrellado a la hora de exigir cuentas a los cargos oficiales responsables en mayor grado de éstos y otros fallos.
En teoría, esta falta de competencia en la gestión podría arreglarse con el tiempo, pero reviste consecuencias importantes a corto plazo para una estrategia tan ambiciosa como la de Estados Unidos. Los teóricos neoconservadores se imaginaban que el país ejercía una hegemonía benevolente sobre el mundo mediante el recurso a su enorme poder, ejercido de manera prudente e incontestable, para resolver problemas acuciantes como el terrorismo internacional, la proliferación de armas nucleares en el planeta, la amenaza de numerosos estados subversivos y toda clase de violaciones de Derechos Humanos. Sin embargo, aun en el supuesto de que sus amigos y aliados se sintieran inclinados a creer en las buenas intenciones de los norteamericanos, les resultaría enormemente difícil no sentirse consternados ante la puesta en práctica de esa política en la realidad y ante la gran cantidad de cristales rotos que el elefante va dejando a su paso.
El fracaso en cuanto a la asimilación de las lecciones de Irak ha quedado de manifiesto cuando los neoconservadores se han puesto a hablar sobre cómo hacer frente al creciente poder de Irán en la zona y a su plan de nuclearización. La República islámica iraní representa en la actualidad un problema de primer orden para Estados Unidos, así como para sus aliados árabes en Oriente Medio. A diferencia de Al Qaeda, Irán es un Estado que hunde profundamente sus raíces en la Historia (no ocurre lo mismo con el actual Irak) y que posee abundantes recursos, como resultado de las subidas de precio de la energía. Está gobernado por un régimen islamista radical que, sobre todo desde la elección como presidente de Mahmud Ahmadineyad en junio del 2005, ha tomado una dirección preocupantemente intolerante y agresiva.
En contra de sus propias pretensiones, Estados Unidos ha favorecido el auge de Irán en la zona con la invasión de Irak, la eliminación del régimen baazista que ejercía de contrapeso frente a los islamistas y la potenciación actual de los partidos chiíes próximos a Teherán. Está claro que Irán aspira a tener armas nucleares, a pesar de sus airadas manifestaciones afirmando que su plan nuclear sólo persigue objetivos no militares. La energía nuclear no tiene mucho sentido en un país que se asienta sobre unas de las mayores reservas petrolíferas del mundo, pero tiene todo el sentido como base de un plan de armamento nuclear. Resulta natural que los iraníes hayan llegado a la conclusión de que estarán más seguros frenta a amenazas externas con la posesión de la bomba atómica que sin ella.
Es fácil explicar, a grandes rasgos, los obstáculos que se interponen de cara a un final negociado de la crisis iraní, en cambio, resulta mucho más difícil proponer una estrategia alternativa. El recurso a la fuerza parece muy poco atractivo. No puede decirse que Estados Unidos esté precisamente en posición de invadir y ocupar otro país más, especialmente uno que es tres veces mayor que Irak. El ataque tendría que ser acometido desde el aire, lo que no daría como resultado un cambio de régimen, que es el único modo de detener el plan de ADM (armas de destrucción masiva) a largo plazo. Se hace muy cuesta arriba depositar una gran confianza en que la información confidencial de los estadounidenses sobre las instalaciones iraníes sea mejor que la que tenían sobre Irak. Una campaña aérea es mucho más probable que incremente los apoyos al régimen en lugar de que lo derribe y fomentará el terrorismo y los atentados contra instalaciones de Estados Unidos y de sus aliados en todo el planeta. EEUU se quedaría aún más aislado en semejante guerra de lo que lo viene estando durante la campaña de Irak; sólo Israel se mantendría como seguro aliado.
Ninguna de estas consideraciones, tampoco el desastre de Irak, ha impedido que determinados neoconservadores sigan defendiendo la intervención militar contra Irán. Algunos insisten en que el régimen de los ayatolás supone una amenaza aún mayor que la del desaparecido Sadam Husein, sin tener en cuenta el hecho de que su entusiasta apoyo a la invasión iraquí es lo que ha destruido la credibilidad de EEUU y reducido su capacidad de tomar medidas contundentes contra Irán.
Cabe pensar en Ahmadineyad como un nuevo Hitler; podría resultar que las negociaciones en curso fueran el equivalente a nuestros acuerdos de Múnich; podría ser que Irán estuviera en manos de unos fanáticos religiosos irreductibles; y podría ser que Occidente tuviera que hacer frente a una «amenaza de civilizaciones». En mi opinión, no hay razones para mostrarse tan alarmista. A fin de cuentas, Irán es un Estado con importantes riquezas que defender, y ya se encargarían de disuadirlo otros estados en posesión de armas nucleares -no olvidemos que es una potencia regional, no mundial; ha anunciado en el pasado objetivos ideológicos extremistas pero rara vez se ha movilizado para cumplirlos cuando han entrado en juego intereses nacionales de importancia, y no parece que sus procesos de toma de decisiones estén unificados ni bajo control de las fuerzas más radicales-.
Lo que más me llama la atención de la batería neoconservadora de argumentos sobre la cuestión iraní es lo poco que han variado respecto a los utilizados sobre Irak en el 2002, a pesar de los acontecimientos trascendentales registrados en los últimos cinco años y del fracaso manifiesto de las políticas que los propios neoconservadores han promovido. Lo que quizá haya cambiado sea la predisposición de la opinión pública norteamericana a escucharles.
Francis Fukuyama es politólogo estadounidense y autor de After the Neocons, obra a la que pertenece este extracto. Publicada por Profile Books, será editada próximamente en España por Ediciones B.
© Mundinteractivos, S.A.
En la actualidad, Estados Unidos gasta en solitario la misma suma de dinero que todo el resto del mundo junto en su aparato militar. Por tanto, merece la pena reflexionar sobre las razones por las que resulta que, después de casi cuatro años de esfuerzo bélico, de la pérdida de miles de vidas norteamericanas y de un desembolso de alrededor de medio billón de dólares, EEUU no ha conseguido pacificar un pequeño país, como Irak, de unos 24 millones de habitantes, y mucho menos aún conducirlo hacia algo que se parezca remotamente a una democracia con futuro.
Una posible respuesta es que la naturaleza de la política global ha cambiado en muchos aspectos durante la primera década del siglo XXI. El mundo de nuestros días -al menos en esa franja de inestabilidad que se extiende desde el norte de Africa hasta Oriente Medio, y a lo largo del Africa subsahariana y Asia central- se caracteriza por un número considerable de estados débiles y, en ocasiones, fallidos, así como por agentes transnacionales capaces de trasladarse de manera fluída a través de fronteras internacionales, animados por esas mismas posibilidades tecnológicas que ha producido la globalización. Estados como Afganistán, Paquistán, Irak, el Líbano, Somalia, Palestina, entre un sinfín de muchos otros, no son capaces de ejercer el control de la soberanía sobre su propio territorio y ceden poder e influencia a grupos terroristas como Al Qaeda, a mezclas de partidos políticos y milicias como Hizbulá en el Líbano, o a facciones diversas de índole racial y sectaria en otros países.
La doctrina militar norteamericana ha entronizado, en primer lugar, el recurso a una fuerza apabullante, aplicada de forma brusca y decisiva, para derrotar al enemigo. Sin embargo, en un mundo en el que insurgentes y milicianos se despliegan entre la población civil sin dejarse ver, una fuerza apabullante es casi siempre contraproducente: se enajenan, precisamente, las simpatías de quienes tienen que romper con los combatientes más fanáticos y negarles la capacidad para moverse con libertad. La variante de campaña antiinsurgencia que se necesita para derrotar a milicianos y terroristas transnacionales sitúa los objetivos políticos por delante de los militares y ha de hacer hincapié en ganarse los corazones y las mentes antes que en arrollar y meter miedo en el lugar de acción.
La segunda lección que debería haberse sacado de los últimos cinco años es que la guerra preventiva no puede convertirse en la base de la estrategia norteamericana de no proliferación de armamento nuclear en el planeta a largo plazo. La doctrina del Gobierno de Bush pretendía utilizar la guerra preventiva contra Irak como fórmula para hacer evidente, ante posibles aspirantes a convertirse en potencias nuclear, que se había incrementado el coste de avanzar hasta el umbral de la nuclearización. Desgraciadamente, el coste para Estados Unidos ha sido tan desmesurado que la lección que ha enseñado ha sido exactamente la contraria: el efecto disuasorio del poder convencional norteamericano es escaso y, de hecho, las probabilidades de una guerra preventiva disminuyen cuando un país consigue cruzar dicho umbral.
Una última lección que se debería haber sacado de la Guerra de Irak es que el actual Gobierno estadounidense ha demostrado una incompetencia supina en su gestión política del día a día. Uno de los aspectos más sorprendentes es lo mal que se ha desempeñado en el cumplimiento de los ambiciosos objetivos que él mismo se marcó. En Irak, el Gobierno ha actuado como un enfermo trastornado por un déficit de atención. EEUU ha culminado con éxito la organización eficaz de acontecimientos clave en Irak como, por ejemplo, el traspaso de soberanía del 30 de junio de 2004 o las elecciones del 30 de enero de 2005. Sin embargo, se ha estrellado en la formación de las fuerzas armadas iraquíes, en el nombramiento de embajadores, a la hora de exigir la debida diligencia a los adjudicatarios de contratos y, por encima de todo, se ha estrellado a la hora de exigir cuentas a los cargos oficiales responsables en mayor grado de éstos y otros fallos.
En teoría, esta falta de competencia en la gestión podría arreglarse con el tiempo, pero reviste consecuencias importantes a corto plazo para una estrategia tan ambiciosa como la de Estados Unidos. Los teóricos neoconservadores se imaginaban que el país ejercía una hegemonía benevolente sobre el mundo mediante el recurso a su enorme poder, ejercido de manera prudente e incontestable, para resolver problemas acuciantes como el terrorismo internacional, la proliferación de armas nucleares en el planeta, la amenaza de numerosos estados subversivos y toda clase de violaciones de Derechos Humanos. Sin embargo, aun en el supuesto de que sus amigos y aliados se sintieran inclinados a creer en las buenas intenciones de los norteamericanos, les resultaría enormemente difícil no sentirse consternados ante la puesta en práctica de esa política en la realidad y ante la gran cantidad de cristales rotos que el elefante va dejando a su paso.
El fracaso en cuanto a la asimilación de las lecciones de Irak ha quedado de manifiesto cuando los neoconservadores se han puesto a hablar sobre cómo hacer frente al creciente poder de Irán en la zona y a su plan de nuclearización. La República islámica iraní representa en la actualidad un problema de primer orden para Estados Unidos, así como para sus aliados árabes en Oriente Medio. A diferencia de Al Qaeda, Irán es un Estado que hunde profundamente sus raíces en la Historia (no ocurre lo mismo con el actual Irak) y que posee abundantes recursos, como resultado de las subidas de precio de la energía. Está gobernado por un régimen islamista radical que, sobre todo desde la elección como presidente de Mahmud Ahmadineyad en junio del 2005, ha tomado una dirección preocupantemente intolerante y agresiva.
En contra de sus propias pretensiones, Estados Unidos ha favorecido el auge de Irán en la zona con la invasión de Irak, la eliminación del régimen baazista que ejercía de contrapeso frente a los islamistas y la potenciación actual de los partidos chiíes próximos a Teherán. Está claro que Irán aspira a tener armas nucleares, a pesar de sus airadas manifestaciones afirmando que su plan nuclear sólo persigue objetivos no militares. La energía nuclear no tiene mucho sentido en un país que se asienta sobre unas de las mayores reservas petrolíferas del mundo, pero tiene todo el sentido como base de un plan de armamento nuclear. Resulta natural que los iraníes hayan llegado a la conclusión de que estarán más seguros frenta a amenazas externas con la posesión de la bomba atómica que sin ella.
Es fácil explicar, a grandes rasgos, los obstáculos que se interponen de cara a un final negociado de la crisis iraní, en cambio, resulta mucho más difícil proponer una estrategia alternativa. El recurso a la fuerza parece muy poco atractivo. No puede decirse que Estados Unidos esté precisamente en posición de invadir y ocupar otro país más, especialmente uno que es tres veces mayor que Irak. El ataque tendría que ser acometido desde el aire, lo que no daría como resultado un cambio de régimen, que es el único modo de detener el plan de ADM (armas de destrucción masiva) a largo plazo. Se hace muy cuesta arriba depositar una gran confianza en que la información confidencial de los estadounidenses sobre las instalaciones iraníes sea mejor que la que tenían sobre Irak. Una campaña aérea es mucho más probable que incremente los apoyos al régimen en lugar de que lo derribe y fomentará el terrorismo y los atentados contra instalaciones de Estados Unidos y de sus aliados en todo el planeta. EEUU se quedaría aún más aislado en semejante guerra de lo que lo viene estando durante la campaña de Irak; sólo Israel se mantendría como seguro aliado.
Ninguna de estas consideraciones, tampoco el desastre de Irak, ha impedido que determinados neoconservadores sigan defendiendo la intervención militar contra Irán. Algunos insisten en que el régimen de los ayatolás supone una amenaza aún mayor que la del desaparecido Sadam Husein, sin tener en cuenta el hecho de que su entusiasta apoyo a la invasión iraquí es lo que ha destruido la credibilidad de EEUU y reducido su capacidad de tomar medidas contundentes contra Irán.
Cabe pensar en Ahmadineyad como un nuevo Hitler; podría resultar que las negociaciones en curso fueran el equivalente a nuestros acuerdos de Múnich; podría ser que Irán estuviera en manos de unos fanáticos religiosos irreductibles; y podría ser que Occidente tuviera que hacer frente a una «amenaza de civilizaciones». En mi opinión, no hay razones para mostrarse tan alarmista. A fin de cuentas, Irán es un Estado con importantes riquezas que defender, y ya se encargarían de disuadirlo otros estados en posesión de armas nucleares -no olvidemos que es una potencia regional, no mundial; ha anunciado en el pasado objetivos ideológicos extremistas pero rara vez se ha movilizado para cumplirlos cuando han entrado en juego intereses nacionales de importancia, y no parece que sus procesos de toma de decisiones estén unificados ni bajo control de las fuerzas más radicales-.
Lo que más me llama la atención de la batería neoconservadora de argumentos sobre la cuestión iraní es lo poco que han variado respecto a los utilizados sobre Irak en el 2002, a pesar de los acontecimientos trascendentales registrados en los últimos cinco años y del fracaso manifiesto de las políticas que los propios neoconservadores han promovido. Lo que quizá haya cambiado sea la predisposición de la opinión pública norteamericana a escucharles.
Francis Fukuyama es politólogo estadounidense y autor de After the Neocons, obra a la que pertenece este extracto. Publicada por Profile Books, será editada próximamente en España por Ediciones B.
© Mundinteractivos, S.A.
Etiquetas:
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EL CALENTAMIENTO GLOBAL
Los expertos consideran el deshielo de los glaciares uno de los principales problemas del cambio climático en China
Este año no ha habido invierno en Pekín. El 2006 ha sido el año más cálido en China desde 1951. El 4 de febrero la prensa dedicó titulares a la temperatura más alta registrada en la capital en 167 años: 16 grados. En muchas ciudades se ha dado la misma noticia este mes. En Shanghai la temperatura media anual fue de 18,2 grados, la más alta desde que se iniciaron las mediciones en 1873. Y algo parecido ocurre alrededor de China; en Tokio la ausencia de nieve ha batido marcas históricas.
"Todo esto está claramente relacionado con el calentamiento global", dice el jefe de la administración de meteorología de China, Qin Dahe. Su adjunto, Zheng Guoguang, añade que China es una de las peores víctimas de desastres vinculados a las condiciones meteorológicas con perdidas anuales equivalentes a entre el 2% y el 5% del PNB. Los expertos consideran que el deshielo de los glaciares tibetanos es uno de los principales problemas que el cambio climático plantea a China. El 23% de la población depende del agua de esos glaciares, cuyo retroceso es alarmante.
China perderá dos tercios de sus glaciares a mediados de siglo, comprometiendo directamente a una población de 300 millones de personas, según un estudio del Centro para la Observación Geofísica y Medición de Tierra y Recursos. La meseta de Qinghai (Tíbet) es el escenario que centra la atención de los científicos. Con una altitud media de 4.000 metros, se extiende a lo largo de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, más de cinco veces la península Ibérica. La mitad de los glaciares chinos se encuentran allá. Es en Qinghai donde nacen los mayores ríos de China; el Yangtsé y el Amarillo, y algunos de de Asia, como el Mekong y el Brahmaputra.
En los últimos 30 años, los glaciares han retrocedido a una media de 131,4 kilómetros cuadrados por año. A este ritmo, señala el informe, para el año 2050 los glaciares chinos se habrán reducido a una tercera parte de su tamaño actual. "El derretimiento de los glaciares aportará, en última instancia, más sequías, aument
Los expertos consideran el deshielo de los glaciares uno de los principales problemas del cambio climático en China
Este año no ha habido invierno en Pekín. El 2006 ha sido el año más cálido en China desde 1951. El 4 de febrero la prensa dedicó titulares a la temperatura más alta registrada en la capital en 167 años: 16 grados. En muchas ciudades se ha dado la misma noticia este mes. En Shanghai la temperatura media anual fue de 18,2 grados, la más alta desde que se iniciaron las mediciones en 1873. Y algo parecido ocurre alrededor de China; en Tokio la ausencia de nieve ha batido marcas históricas.
"Todo esto está claramente relacionado con el calentamiento global", dice el jefe de la administración de meteorología de China, Qin Dahe. Su adjunto, Zheng Guoguang, añade que China es una de las peores víctimas de desastres vinculados a las condiciones meteorológicas con perdidas anuales equivalentes a entre el 2% y el 5% del PNB. Los expertos consideran que el deshielo de los glaciares tibetanos es uno de los principales problemas que el cambio climático plantea a China. El 23% de la población depende del agua de esos glaciares, cuyo retroceso es alarmante.
China perderá dos tercios de sus glaciares a mediados de siglo, comprometiendo directamente a una población de 300 millones de personas, según un estudio del Centro para la Observación Geofísica y Medición de Tierra y Recursos. La meseta de Qinghai (Tíbet) es el escenario que centra la atención de los científicos. Con una altitud media de 4.000 metros, se extiende a lo largo de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, más de cinco veces la península Ibérica. La mitad de los glaciares chinos se encuentran allá. Es en Qinghai donde nacen los mayores ríos de China; el Yangtsé y el Amarillo, y algunos de de Asia, como el Mekong y el Brahmaputra.
En los últimos 30 años, los glaciares han retrocedido a una media de 131,4 kilómetros cuadrados por año. A este ritmo, señala el informe, para el año 2050 los glaciares chinos se habrán reducido a una tercera parte de su tamaño actual. "El derretimiento de los glaciares aportará, en última instancia, más sequías, aument
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Lucha de clases, de Valentín Popescu en La Vanguardia
Con una visión marxista de la historia se podría decir que el actual estallido de violencia chií registrado en gran parte del mundo musulmán tiene una explicación de lucha de clases: desde la llegada de los Omeyas al poder en Damasco (670), los chiíes -seguidores de Ali, el yerno de Mahoma- han sido sistemáticamente los discriminados, los parias del mundo musulmán. Sólo el hecho de que en el siglo XVI los persas hicieran de esa doctrina la religión estatal creó un isla de poder político chií en el mundo islámico.
Como todas las explicaciones simplistas, esta teoría no es correcta... pero tampoco es falsa del todo. Y es que si, por una parte, desde la muerte de Mahoma los dirigentes religiosos suníes y el poder político han formado una firme alianza a lo largo y ancho del islam, en cambio la identificación económica de los pobres con la corriente chií ni es exacta ni es general. Pero en una minoría discriminada los complejos fraguan en seguida y al margen de todo análisis subsistente, sin olvidar tampoco que a la larga las discriminaciones políticas o político-religiosas, como en este caso, acaban por propiciar cierta marginación económica.
La correlación entre pobreza y discriminación no debió de ser muy evidente porque a lo largo de trece siglos el mundo islámico no se vio agitado por el enfrentamiento entre las dos ramas de la fe musulmana, si se prescinde de los conflictos de primera hora y los que surgieron aquí y allá por causas eminentemente locales. Pero el derrocamiento en Teherán del sha Reza Pahlevi en 1979 y la segunda guerra de Iraq han espoleado las reivindicaciones de las masas chiíes con un componente que hasta entonces no había tenido mayor relevancia: el odio.
La llegada al poder del ayatolá Jomeiny en Irán supuso mucho más que un cambio de régimen. Él volvió del exilio francés cargado de odio y dotó de una pasión enorme toda reivindicación en nombre de la "fe verdadera". Jomeiny llegaba en plan de ángel vengador contra Estados Unidos por haber sido el gran aliado del sha. Y también contra los aliados tradicionales de Washington en el golfo Pérsico, el Iraq suní de Sadam Husein (aunque en realidad se trataba de un gobierno laicista que tenía mayor confianza en los suníes que en los chiíes) y Arabia Saudí. La guerra del actual presidente Bush contra Sadam desencadenó la otra ola de odio político-religioso en el mundo islámico.
Aquí hay que recordar que si bien no tiene nada que ver con el enfrentamiento chií-suní propiamente dicho, el mundo islámico está recibiendo desde hace lustros enormes impulsos de odio antioccidental por parte de Osama Bin Laden y Al Qaeda.
Todo esto viene a situar la pugna doctrinal islámica en un plano de actualidad rabiosamente político: sin el celo reformista de los ayatolás iraníes, los rencores iraquíes contra los antiguos seguidores de Sadam y la acumulación de masas chiíes pobrísimas en Oriente Medio, el conflicto confesional islámico se desarrollaría hoy en día con sordina. Como ha pasado en Siria, Azerbaiyán, Kurdistán, Turquía o Yemen, donde las comunidades chiíes conviven con los suníes sin mayores sobresaltos.
Como todas las explicaciones simplistas, esta teoría no es correcta... pero tampoco es falsa del todo. Y es que si, por una parte, desde la muerte de Mahoma los dirigentes religiosos suníes y el poder político han formado una firme alianza a lo largo y ancho del islam, en cambio la identificación económica de los pobres con la corriente chií ni es exacta ni es general. Pero en una minoría discriminada los complejos fraguan en seguida y al margen de todo análisis subsistente, sin olvidar tampoco que a la larga las discriminaciones políticas o político-religiosas, como en este caso, acaban por propiciar cierta marginación económica.
La correlación entre pobreza y discriminación no debió de ser muy evidente porque a lo largo de trece siglos el mundo islámico no se vio agitado por el enfrentamiento entre las dos ramas de la fe musulmana, si se prescinde de los conflictos de primera hora y los que surgieron aquí y allá por causas eminentemente locales. Pero el derrocamiento en Teherán del sha Reza Pahlevi en 1979 y la segunda guerra de Iraq han espoleado las reivindicaciones de las masas chiíes con un componente que hasta entonces no había tenido mayor relevancia: el odio.
La llegada al poder del ayatolá Jomeiny en Irán supuso mucho más que un cambio de régimen. Él volvió del exilio francés cargado de odio y dotó de una pasión enorme toda reivindicación en nombre de la "fe verdadera". Jomeiny llegaba en plan de ángel vengador contra Estados Unidos por haber sido el gran aliado del sha. Y también contra los aliados tradicionales de Washington en el golfo Pérsico, el Iraq suní de Sadam Husein (aunque en realidad se trataba de un gobierno laicista que tenía mayor confianza en los suníes que en los chiíes) y Arabia Saudí. La guerra del actual presidente Bush contra Sadam desencadenó la otra ola de odio político-religioso en el mundo islámico.
Aquí hay que recordar que si bien no tiene nada que ver con el enfrentamiento chií-suní propiamente dicho, el mundo islámico está recibiendo desde hace lustros enormes impulsos de odio antioccidental por parte de Osama Bin Laden y Al Qaeda.
Todo esto viene a situar la pugna doctrinal islámica en un plano de actualidad rabiosamente político: sin el celo reformista de los ayatolás iraníes, los rencores iraquíes contra los antiguos seguidores de Sadam y la acumulación de masas chiíes pobrísimas en Oriente Medio, el conflicto confesional islámico se desarrollaría hoy en día con sordina. Como ha pasado en Siria, Azerbaiyán, Kurdistán, Turquía o Yemen, donde las comunidades chiíes conviven con los suníes sin mayores sobresaltos.
Fumata blanca en La Meca, de Samuel Hadas en La Vanguardia
La historia diplomática atestigua repetidamente que la cualidad que ha caracterizado a los líderes palestinos en el conflicto con Israel ha sido la de no desperdiciar prácticamente ninguna oportunidad de perder una oportunidad. ¿Sucederá lo mismo con el acuerdo de La Meca entre los representantes de Al Fatah y Hamas? ¿Será recordado el acuerdo como un hito histórico en el proceso de búsqueda de una solución permanente al casi centenario conflicto palestino-israelí? ¿No se trata más bien de una hudna (tregua) en la guerra civil entre Al Fatah y Hamas? Las palabras Israel, paz, horizonte político o proceso de paz no aparecen siquiera en su texto. No se mencionan las exigencias más importantes del Cuarteto para Oriente Medio, el reconocimiento al derecho a la existencia de Israel y la renuncia a la lucha armada.En cuanto al cumplimiento de los acuerdos firmados anteriormente entre palestinos e israelíes, lo máximo que se ha logrado es un ambiguo "respetar los acuerdos previos" palestino-israelíes. Hay una diferencia abismal entre respetar una resolución o aceptarla sin circunloquios. El acuerdo de La Meca para la distribución de poderes y atribuciones entre Al Fatah y Hamas ignora todo aquello que sus firmantes conocen a conciencia que deberían haber acordado para que el Cuarteto reconozca el Gobierno palestino y levante las sanciones internacionales.
El presidente palestino, Mahmud Abas, tiene problemas para convencer a Estados Unidos, la Unión Europea e Israel sobre las bondades del acuerdo, por cuanto, como él mismo reconoce, está muy lejos de las condiciones del Cuarteto, por lo que es de esperar que en un futuro previsible difícilmente sea levantado el embargo internacional al Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina. Un gobierno de unidad nacional que no puede unirse en una cuestión vital para la prosecución del descarrilado proceso de paz como la renuncia al uso del terrorismo contra Israel no podrá ser considerado por Israel como interlocutor válido.
¿Volveremos a estar como al principio?
Evidentemente, el acuerdo ubica a Israel ante un dilema. El Gobierno israelí mantiene un canal abierto de diálogo con el presidente Abas, considerado un moderado, a la vez que boicotea al Gobierno Hamas. La cumbre tripartita que tendrá lugar el próximo lunes en Jerusalén con la participación de la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el presidente Abas y el primer ministro Ehud Olmert, destinada, en palabras de la secretaria de Estado, a sostener un diálogo informal sobre las vías para el establecimiento de un Estado palestino viable, deberá en su lugar ocuparse de las implicaciones (negativas) del acuerdo para el proceso de paz. En opinión del Gobierno israelí, con el acuerdo de La Meca se ha difuminado la línea que distingue entre moderados y extremistas palestinos. Sin embargo, según trascendió, el Gobierno israelí considera que no debe ponerse a la cabeza de acciones diplomáticas contra el nuevo Gobierno palestino o interrumpir los contactos con Abas. Lo que Israel debe hacer, según el primer ministro Olmert, es impulsar una campaña diplomática para lograr que el Cuarteto insista ante los palestinos en el cumplimiento de sus demandas. Por lo que parece, por lo menos hasta el momento (en Oriente Medio nunca digas no), tanto Estados Unidos como Gran Bretaña y Alemania, que ejerce la presidencia de la Unión Europea, seguirán insistiendo en el cumplimiento de las demandas del Cuarteto. Pero aunque el acuerdo de La Meca no responde a todas estas exigencias, algunos países europeos consideran que podría abrir una oportunidad para la reconducción del proceso de paz. Rusia, otro miembro del Cuarteto, que en más de una oportunidad se ha desmarcado abiertamente de su política, podría hacerlo nuevamente e insistir en el reconocimiento del nuevo Gobierno palestino.
Se destaca, acertadamente, el éxito de la iniciativa de Arabia Saudí donde fracasó Egipto. El reino, ante el creciente temor a los designios hegemónicos del régimen teocrático de Teherán, que podrían desestabilizar su régimen, busca, entre otros objetivos, minimizar la influencia iraní sobre Hamas. Su papel mediador en el conflicto interno palestino ha demostrado que puede tener un papel diplomático importante en la resolución de otras crisis en la región, pero ha legitimado, por lo menos en el mundo árabe, a Hamas, una organización que no escatima nada en el uso de la violencia, incluso contra su propio pueblo, en su propósito de crear una sociedad islamita clerical según el modelo iraní. La legitimidad concedida a Hamas será de consecuencias desastrosas para la región si esta organización no modifica sustancialmente sus posiciones extremistas.
Ciertamente, Abas perseguía con la creación de un gobierno de unidad nacional con Hamas evitar una guerra civil, su mayor preocupación inmediata, aun a sabiendas de que podría contrariar al Gobierno israelí. El resultado ha sido que Hamas ha impuesto a Al Fatah prácticamente todas sus condiciones, recibiendo licencia, según el experto del Washington Institute for Near East Policy, Robert Satloff, para interpretar a su gusto un programa político basado en una selectiva lectura de la historia diplomática del conflicto con Israel. ¿Será la próxima cumbre Rice-Olmert-Abas el último encuentro de su género en mucho tiempo? La fumata blanca que ascendió solemnemente la semana pasada del palacio real saudí puede ennegrecer prontamente el horizonte político para palestinos e israelíes.
S. HADAS, analista diplomático. Fue el primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede.
El presidente palestino, Mahmud Abas, tiene problemas para convencer a Estados Unidos, la Unión Europea e Israel sobre las bondades del acuerdo, por cuanto, como él mismo reconoce, está muy lejos de las condiciones del Cuarteto, por lo que es de esperar que en un futuro previsible difícilmente sea levantado el embargo internacional al Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina. Un gobierno de unidad nacional que no puede unirse en una cuestión vital para la prosecución del descarrilado proceso de paz como la renuncia al uso del terrorismo contra Israel no podrá ser considerado por Israel como interlocutor válido.
¿Volveremos a estar como al principio?
Evidentemente, el acuerdo ubica a Israel ante un dilema. El Gobierno israelí mantiene un canal abierto de diálogo con el presidente Abas, considerado un moderado, a la vez que boicotea al Gobierno Hamas. La cumbre tripartita que tendrá lugar el próximo lunes en Jerusalén con la participación de la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el presidente Abas y el primer ministro Ehud Olmert, destinada, en palabras de la secretaria de Estado, a sostener un diálogo informal sobre las vías para el establecimiento de un Estado palestino viable, deberá en su lugar ocuparse de las implicaciones (negativas) del acuerdo para el proceso de paz. En opinión del Gobierno israelí, con el acuerdo de La Meca se ha difuminado la línea que distingue entre moderados y extremistas palestinos. Sin embargo, según trascendió, el Gobierno israelí considera que no debe ponerse a la cabeza de acciones diplomáticas contra el nuevo Gobierno palestino o interrumpir los contactos con Abas. Lo que Israel debe hacer, según el primer ministro Olmert, es impulsar una campaña diplomática para lograr que el Cuarteto insista ante los palestinos en el cumplimiento de sus demandas. Por lo que parece, por lo menos hasta el momento (en Oriente Medio nunca digas no), tanto Estados Unidos como Gran Bretaña y Alemania, que ejerce la presidencia de la Unión Europea, seguirán insistiendo en el cumplimiento de las demandas del Cuarteto. Pero aunque el acuerdo de La Meca no responde a todas estas exigencias, algunos países europeos consideran que podría abrir una oportunidad para la reconducción del proceso de paz. Rusia, otro miembro del Cuarteto, que en más de una oportunidad se ha desmarcado abiertamente de su política, podría hacerlo nuevamente e insistir en el reconocimiento del nuevo Gobierno palestino.
Se destaca, acertadamente, el éxito de la iniciativa de Arabia Saudí donde fracasó Egipto. El reino, ante el creciente temor a los designios hegemónicos del régimen teocrático de Teherán, que podrían desestabilizar su régimen, busca, entre otros objetivos, minimizar la influencia iraní sobre Hamas. Su papel mediador en el conflicto interno palestino ha demostrado que puede tener un papel diplomático importante en la resolución de otras crisis en la región, pero ha legitimado, por lo menos en el mundo árabe, a Hamas, una organización que no escatima nada en el uso de la violencia, incluso contra su propio pueblo, en su propósito de crear una sociedad islamita clerical según el modelo iraní. La legitimidad concedida a Hamas será de consecuencias desastrosas para la región si esta organización no modifica sustancialmente sus posiciones extremistas.
Ciertamente, Abas perseguía con la creación de un gobierno de unidad nacional con Hamas evitar una guerra civil, su mayor preocupación inmediata, aun a sabiendas de que podría contrariar al Gobierno israelí. El resultado ha sido que Hamas ha impuesto a Al Fatah prácticamente todas sus condiciones, recibiendo licencia, según el experto del Washington Institute for Near East Policy, Robert Satloff, para interpretar a su gusto un programa político basado en una selectiva lectura de la historia diplomática del conflicto con Israel. ¿Será la próxima cumbre Rice-Olmert-Abas el último encuentro de su género en mucho tiempo? La fumata blanca que ascendió solemnemente la semana pasada del palacio real saudí puede ennegrecer prontamente el horizonte político para palestinos e israelíes.
S. HADAS, analista diplomático. Fue el primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede.
Recámaras polacas, de Baltasar Porcel en La Vanguardia
Adelanto que no sé nada de Polonia, pero me impresionan sus revolcones históricos y la resultona y huidiza personalidad de sus clases dirigentes. En una época admiré a Lech Walesa no obstante saber que constituía una mera pantalla, aunque valerosa, pues conocí a alguien que llevaba al sindicato libre Solidarnosc dinero del Vaticano y participaba en una cadena ¿de agitación? contra el régimen. Pero quien me analizó a Walesa y me dijo "No es nada y así es difícil negociar con él, lo dejarán caer" fue el general Wojciech Jaruzelski, aquel aristócrata que como otros actores de la cúpula polaca ingresó pronto en el PC.
Por cierto, ¿qué habrá sido de la condesa de K, dama provista del más inquietante atractivo que jamás haya visto y cuya promiscua y arrogante relación con los jerarcas comunistas me turbó y admiró? Pero no se crea que se trataba de alguien extraño: ahora mismo se ha destapado esa inesperada cohorte de obispos y curas que colaboraron con la apestosa dictadura marxista, siendo además wojtylistas, por si faltaran fantasías. Aquel Papa fue muy anticomunista, sí, pero a la vez tan cercano al partido con esos sus deudos... Ya me asombró su viaje a Cuba, sobre cuya inutilidad me apresuré a escribir, pensando que si yo presumía esto el Papa estaría enterado de verdad, pero no obstante se daba el pico con Castro, ¿por qué? Un sagaz diplomático en el Vaticano me precisó: "Al Pontífice no le interesa la libertad en Cuba, sino la salud de la Iglesia allí".
¿Se produjo por ahí el colaboracionismo de esa retahíla de clérigos eslavos? En todo caso, Benedicto XVI lleva a cabo una seria limpieza de tales reverendos en las responsabilidades de la Santa Sede y en la jerarquía polaca. Aunque fue él quien nombró arzobispo de Varsovia a Glemp, que de inmediato tuvo que dimitir por espía soviético, pero ¿quién le preparó a Ratzinger ese sapo que se tuvo que tragar, el nuncio Kowalczyk? Así, está apartando aún más a Glemp, al arzobispo Kondrusiewicz y a otros dignatarios como Rylko, Nowak y etcétera, todos entre la abominable radio ultra Maryja y la revista ¿liberal? Tygodnik Powszechny.
En fin, que hablen los enterados, yo vuelvo a Jaruzelski, que siendo líder del PC lo fue desmantelando y en 1989 abrió el país a la democracia, para ser elegido en seguida su presidente y dimitir al poco, firme, distinguido e inteligente. Como dicen que es Benedicto XVI, el cual en medio del lío polaco, y aún más de una curia en arisco mangoneo resistente, parece que se aísla en el Vaticano con su piano y sus gatos, mientras finaliza un libro que se titulará Jesús de Nazaret. Del bautismo en el Jordán a la Transfiguración.
Por cierto, ¿qué habrá sido de la condesa de K, dama provista del más inquietante atractivo que jamás haya visto y cuya promiscua y arrogante relación con los jerarcas comunistas me turbó y admiró? Pero no se crea que se trataba de alguien extraño: ahora mismo se ha destapado esa inesperada cohorte de obispos y curas que colaboraron con la apestosa dictadura marxista, siendo además wojtylistas, por si faltaran fantasías. Aquel Papa fue muy anticomunista, sí, pero a la vez tan cercano al partido con esos sus deudos... Ya me asombró su viaje a Cuba, sobre cuya inutilidad me apresuré a escribir, pensando que si yo presumía esto el Papa estaría enterado de verdad, pero no obstante se daba el pico con Castro, ¿por qué? Un sagaz diplomático en el Vaticano me precisó: "Al Pontífice no le interesa la libertad en Cuba, sino la salud de la Iglesia allí".
¿Se produjo por ahí el colaboracionismo de esa retahíla de clérigos eslavos? En todo caso, Benedicto XVI lleva a cabo una seria limpieza de tales reverendos en las responsabilidades de la Santa Sede y en la jerarquía polaca. Aunque fue él quien nombró arzobispo de Varsovia a Glemp, que de inmediato tuvo que dimitir por espía soviético, pero ¿quién le preparó a Ratzinger ese sapo que se tuvo que tragar, el nuncio Kowalczyk? Así, está apartando aún más a Glemp, al arzobispo Kondrusiewicz y a otros dignatarios como Rylko, Nowak y etcétera, todos entre la abominable radio ultra Maryja y la revista ¿liberal? Tygodnik Powszechny.
En fin, que hablen los enterados, yo vuelvo a Jaruzelski, que siendo líder del PC lo fue desmantelando y en 1989 abrió el país a la democracia, para ser elegido en seguida su presidente y dimitir al poco, firme, distinguido e inteligente. Como dicen que es Benedicto XVI, el cual en medio del lío polaco, y aún más de una curia en arisco mangoneo resistente, parece que se aísla en el Vaticano con su piano y sus gatos, mientras finaliza un libro que se titulará Jesús de Nazaret. Del bautismo en el Jordán a la Transfiguración.
De desertores a valientes, de Eulàlia Solé en La Vanguardia
Tres ex altos cargos militares de Estados Unidos han pedido a Tony Blair que convenza a George W. Bush de que no ataque Irán sino que resuelva por vía diplomática su crisis con este país. Hay personas que han necesitado vivir la guerra para abominarla, mientras que otras ya de entrada la detestan, racional y sensiblemente. Por uno u otro motivo, se encuentran entre las que dieron su apoyo a la campaña "Armas bajo control" llevada a cabo por Amnistía Internacional, Intermón Oxfam y Greenpeace, la cual desembocó en un tratado internacional aprobado en octubre del 2006 en el seno de la ONU. El acuerdo establece que ningún país venda armas a regiones en conflicto ni donde puedan ser utilizadas contra la población civil, amén de que no se pueda burlar la ley exportándolas por piezas. Fueron 130 los países que votaron a favor, con el voto en contra de EE. UU. y la abstención, entre otros, de Rusia y China.
España firmó su adhesión, pero a la hora de convertir la normativa en ley su cumplimento rechina. Las mismas ONG que impulsaron el tratado denuncian que el texto previsto no impediría vender a zonas en conflicto o donde no se respetan los derechos humanos. Consideran que el Gobierno está atendiendo a los intereses de la industria armamentista, lo cual no carece de fundamento si observamos que la inversión militar ha pasado de los 291 millones de euros en 1996 a los 1.684 millones en el 2006. Queda claro que una cosa son las buenas palabras y otra, los hechos.
Venta de armas y guerra están indisolublemente unidas, igual que lo están deserción y paz. Los tres militares jubilados estadounidenses han demorado en abandonar sus convicciones belicosas; otros soldados han tardado menos. La deserción dejó de merecer legalmente la pena de muerte a partir de 1930. Con anterioridad, y durante la Primera Guerra Mundial, contando sólo la parte británica, 293 soldados fueron fusilados acusados de deserción u otras faltas graves. Para los jefes, sus vidas valían tan poco como las del enemigo. Con posterioridad, el ejército de Hitler hizo caso omiso de la abolición y ejecutó a más de 15.000 desertores. Tampoco contaban mucho comparados con el holocausto. La praxis ha mejorado y ahora los que se niegan a luchar son meramente despedidos, como los empleados de una empresa que no cumplen con su labor. Más de 2.000 soldados británicos han abandonado la tropa en Iraq, con la diferencia de que el símil de empresa ha ocasionado ya más de 650.000 muertos.
Otras personas no han necesitado enfrentarse a la crueldad del campo de batalla o a las masacres de civiles para saber que aborrecen la guerra. Han abierto camino a través de la objeción de conciencia. Un paradigma nos lo ofrece Pepe Beunza, el cual en su libro La utopía insumisa (Virus) cuenta cómo en 1971 decidió no cumplir con el servicio militar obligatorio a modo de denuncia contra la guerra. Hasta 1974 pasó por diversas cárceles, y tras él surgieron un millón de objetores, que realizaron el servicio social sustitutorio, y 10.000 insumisos, que se negaron a aceptarlo como castigo aplicado a una causa noble. En diciembre del 2001 el Gobierno abolió el reclutamiento obligatorio, y ahora hombres y mujeres son libres para elegir si quieren o no ir a la guerra.
Según Beunza, conseguir algo matando es un fracaso humano. Si la racionalidad no sirve para separarnos de los primates resolviendo los conflictos sin violencia, ¿cuál sería la finalidad de la evolución, o la del designio divino?
E. SOLÉ, socióloga y escritora
España firmó su adhesión, pero a la hora de convertir la normativa en ley su cumplimento rechina. Las mismas ONG que impulsaron el tratado denuncian que el texto previsto no impediría vender a zonas en conflicto o donde no se respetan los derechos humanos. Consideran que el Gobierno está atendiendo a los intereses de la industria armamentista, lo cual no carece de fundamento si observamos que la inversión militar ha pasado de los 291 millones de euros en 1996 a los 1.684 millones en el 2006. Queda claro que una cosa son las buenas palabras y otra, los hechos.
Venta de armas y guerra están indisolublemente unidas, igual que lo están deserción y paz. Los tres militares jubilados estadounidenses han demorado en abandonar sus convicciones belicosas; otros soldados han tardado menos. La deserción dejó de merecer legalmente la pena de muerte a partir de 1930. Con anterioridad, y durante la Primera Guerra Mundial, contando sólo la parte británica, 293 soldados fueron fusilados acusados de deserción u otras faltas graves. Para los jefes, sus vidas valían tan poco como las del enemigo. Con posterioridad, el ejército de Hitler hizo caso omiso de la abolición y ejecutó a más de 15.000 desertores. Tampoco contaban mucho comparados con el holocausto. La praxis ha mejorado y ahora los que se niegan a luchar son meramente despedidos, como los empleados de una empresa que no cumplen con su labor. Más de 2.000 soldados británicos han abandonado la tropa en Iraq, con la diferencia de que el símil de empresa ha ocasionado ya más de 650.000 muertos.
Otras personas no han necesitado enfrentarse a la crueldad del campo de batalla o a las masacres de civiles para saber que aborrecen la guerra. Han abierto camino a través de la objeción de conciencia. Un paradigma nos lo ofrece Pepe Beunza, el cual en su libro La utopía insumisa (Virus) cuenta cómo en 1971 decidió no cumplir con el servicio militar obligatorio a modo de denuncia contra la guerra. Hasta 1974 pasó por diversas cárceles, y tras él surgieron un millón de objetores, que realizaron el servicio social sustitutorio, y 10.000 insumisos, que se negaron a aceptarlo como castigo aplicado a una causa noble. En diciembre del 2001 el Gobierno abolió el reclutamiento obligatorio, y ahora hombres y mujeres son libres para elegir si quieren o no ir a la guerra.
Según Beunza, conseguir algo matando es un fracaso humano. Si la racionalidad no sirve para separarnos de los primates resolviendo los conflictos sin violencia, ¿cuál sería la finalidad de la evolución, o la del designio divino?
E. SOLÉ, socióloga y escritora
¿Cómo disminuir los riesgos en la adopción?, de Esther Grau en La Vanguardia
DEBATE: La adopción internacional
El hecho de que Catalunya es el lugar del mundo en el que actualmente más adopciones internacionales se llevan a cabo es ya bien conocido y por lo mismo socialmente comentado y discutido. La cuestión valorativa de si esa realidad es positiva o negativa es, en sí misma, imposible si no se analizan sus diferentes implicaciones. Tal vez mirando hacia otros países con una historia más larga en este terreno obtendríamos datos que nos podrían ayudar a pensar. Según Unicef, por cada niño pequeño y sano en el mundo en situación legal para ser adoptado, existen tres familias que desean y pueden adoptarlo.
En Francia, Canadá, Italia y en los países escandinavos, entre otros, la tendencia en el número de adopciones realizadas internacionalmente, a lo largo de las últimas décadas, ha sido fluctuante. En general, se experimenta un aumento considerable durante unos años, posteriormente tanto las solicitudes como las adopciones se mantienen y luego disminuyen. Dicha tendencia se da en paralelo con la llegada a la adolescencia y primera juventud de las personas adoptadas, y con políticas más restrictivas en la valoración de la idoneidad de los solicitantes. En Francia, el porcentaje actual de no idoneidades es de un 30% y en Dinamarca de un 8%, por poner dos ejemplos distintos (en Catalunya no llega al 3%).
El número de fracasos de familias adoptivas -en otros países- es de entre un 3% y un 15%, según los estudios, y dependiendo de lo que se interprete como fracaso -ruptura en la convivencia entre padres e hijos, o relaciones familiares con graves crisis recurrentes-. No obstante, muchos de esos estudios reflejan que, aunque a menudo son necesarias ayudas de especialistas, la gran mayoría de los menores evoluciona satisfactoriamente. En España se han realizado ya algunas investigaciones sobre adopción internacional, que ofrecen datos sobre la evolución de las familias.
Estas informaciones, y muchas otras vinculadas a la adopción, deberían ser conocidas y contempladas de cerca por quienes se plantean prestarse como familia adoptiva, porque ésos son datos relevantes a la hora de valorar si el proyecto de agrandar la familia por esta vía es pertinente y adecuado a la propia situación familiar. Las personas que consideran dicha opción tienen derecho a saber, de la mano de expertos y de quienes conocen la realidad de las familias que ya adoptaron hace años, los factores de riesgo, de protección y de prevención de esta forma de parentalidad.
Actualmente los solicitantes de adopción internacional deben pasar por un trabajo grupal formativo-informativo en el que se les brinda un panorama general de lo que representa adoptar a un menor por vía internacional. Este trabajo -que realizan las Instituciones Colaboradoras de Integración Familiar acreditadas por el Institut Català de l´Acolliment i de l´Adopció- ofrece una visión muy válida pero probablemente insuficiente y, quizás, en parte mal situada en el tiempo. En Italia y en Suecia, países en los que el proceso preadoptivo se considera básico como factor de prevención, unas sesiones formativo-informativas tienen lugar antes de presentar la solicitud y se prolongan a lo largo de varias semanas. Este procedimiento permite a las familias analizar a fondo y con serenidad la oportunidad del proyecto, antes de tomar la decisión y, pues, antes de comprometerse con él. En Italia, del 100% de las familias que participan en esos grupos -obligatorios-, un 60% presenta su solicitud y el 40% restante o bien lo pospone o bien renuncia. Dar una entidad especial al conocimiento y a la reflexión previos coloca la decisión final en un lugar bien diferenciado al de la preparación y la valoración -también necesarias una vez presentada la solicitud-, pues las etapas por las que las familias pasan, desde que se plantean la adopción hasta que obtienen el certificado de idoneidad, son distintas y requieren un proceso en el que intervienen elementos personales y consideraciones a niveles diferentes.
ESTHER GRAU, psicóloga y codirectora del Centre de Recursos per a la Infància i l´Adopció (CRIA)
El hecho de que Catalunya es el lugar del mundo en el que actualmente más adopciones internacionales se llevan a cabo es ya bien conocido y por lo mismo socialmente comentado y discutido. La cuestión valorativa de si esa realidad es positiva o negativa es, en sí misma, imposible si no se analizan sus diferentes implicaciones. Tal vez mirando hacia otros países con una historia más larga en este terreno obtendríamos datos que nos podrían ayudar a pensar. Según Unicef, por cada niño pequeño y sano en el mundo en situación legal para ser adoptado, existen tres familias que desean y pueden adoptarlo.
En Francia, Canadá, Italia y en los países escandinavos, entre otros, la tendencia en el número de adopciones realizadas internacionalmente, a lo largo de las últimas décadas, ha sido fluctuante. En general, se experimenta un aumento considerable durante unos años, posteriormente tanto las solicitudes como las adopciones se mantienen y luego disminuyen. Dicha tendencia se da en paralelo con la llegada a la adolescencia y primera juventud de las personas adoptadas, y con políticas más restrictivas en la valoración de la idoneidad de los solicitantes. En Francia, el porcentaje actual de no idoneidades es de un 30% y en Dinamarca de un 8%, por poner dos ejemplos distintos (en Catalunya no llega al 3%).
El número de fracasos de familias adoptivas -en otros países- es de entre un 3% y un 15%, según los estudios, y dependiendo de lo que se interprete como fracaso -ruptura en la convivencia entre padres e hijos, o relaciones familiares con graves crisis recurrentes-. No obstante, muchos de esos estudios reflejan que, aunque a menudo son necesarias ayudas de especialistas, la gran mayoría de los menores evoluciona satisfactoriamente. En España se han realizado ya algunas investigaciones sobre adopción internacional, que ofrecen datos sobre la evolución de las familias.
Estas informaciones, y muchas otras vinculadas a la adopción, deberían ser conocidas y contempladas de cerca por quienes se plantean prestarse como familia adoptiva, porque ésos son datos relevantes a la hora de valorar si el proyecto de agrandar la familia por esta vía es pertinente y adecuado a la propia situación familiar. Las personas que consideran dicha opción tienen derecho a saber, de la mano de expertos y de quienes conocen la realidad de las familias que ya adoptaron hace años, los factores de riesgo, de protección y de prevención de esta forma de parentalidad.
Actualmente los solicitantes de adopción internacional deben pasar por un trabajo grupal formativo-informativo en el que se les brinda un panorama general de lo que representa adoptar a un menor por vía internacional. Este trabajo -que realizan las Instituciones Colaboradoras de Integración Familiar acreditadas por el Institut Català de l´Acolliment i de l´Adopció- ofrece una visión muy válida pero probablemente insuficiente y, quizás, en parte mal situada en el tiempo. En Italia y en Suecia, países en los que el proceso preadoptivo se considera básico como factor de prevención, unas sesiones formativo-informativas tienen lugar antes de presentar la solicitud y se prolongan a lo largo de varias semanas. Este procedimiento permite a las familias analizar a fondo y con serenidad la oportunidad del proyecto, antes de tomar la decisión y, pues, antes de comprometerse con él. En Italia, del 100% de las familias que participan en esos grupos -obligatorios-, un 60% presenta su solicitud y el 40% restante o bien lo pospone o bien renuncia. Dar una entidad especial al conocimiento y a la reflexión previos coloca la decisión final en un lugar bien diferenciado al de la preparación y la valoración -también necesarias una vez presentada la solicitud-, pues las etapas por las que las familias pasan, desde que se plantean la adopción hasta que obtienen el certificado de idoneidad, son distintas y requieren un proceso en el que intervienen elementos personales y consideraciones a niveles diferentes.
ESTHER GRAU, psicóloga y codirectora del Centre de Recursos per a la Infància i l´Adopció (CRIA)
La corbata, de Màrius Carol en La Vanguardia
El conseller de Governació, Joan Puigcercós, ha instado a los altos cargos de su departamento a llevar corbata para dar imagen. En su departamento no sólo ondea la bandera española, sino también la corbata italiana. Más allá de cualquier otra consideración, Puigcercós ha querido transmitir a sus colaboradores un mensaje claro: ERC es un partido de gobierno y sus militantes en los despachos del poder deben dignificar con su vestuario la institución que representan. Un director general no puede ser confundido en un pasillo con un cap de colla,algo que cuadra con la doctrina tarradellista, según la cual un senador no podía parecer un excursionista.
La corbata tiene múltiples enemigos. El primero, internet, porque los directivos de este universo consideran que el mundo de la red es joven, rebelde y transgresor, conceptos que no se asocian a esta prenda. Un segundo escenario hostil es el ecologista, como lo demuestra que el ministro de Medio Ambiente japonés pusiera en marcha la campaña "Sin corbata, sin chaqueta", a fin de consumir menos energía y contaminar menos la atmósfera con el aire acondicionado de las oficinas. La tercera trinchera anticorbatera es el islam, cuyos dirigentes la asimilan con el vestuario de Occidente; basta observar al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad para apreciar que transige con el traje pero nunca con la corbata.
Sin embargo, la corbata resiste ante colectivos tan manifiestamente hostiles, poniendo en evidencia sus contradicciones. Así resulta que, el día de la fusión de internet AOL con Time Warner, Steve Case se puso la mejor de sus corbatas para la foto, cuando sus empleados desconocían que tuviera una. Igualmente, los funcionarios japoneses se han negado a seguir las instrucciones de las autoridades niponas porque desvalorizaría la imagen que de ellos tienen sus conciudadanos. Por último, cuando el presidente sirio Bashard al Asad viaja a Occidente no duda en mostrar sus mejores corbatas de marca para distanciarse en la estética de los dirigentes de estados árabes más hostiles.
Oscar Wilde escribió que un nudo bien hecho es el primer paso serio que da un hombre en su vida, lo que induce a pensar que Puigcercós resulta lector habitual del autor dublinés. La duda es si Josep Bargalló, director del Ramon Llull, seguirá en sus trece anticorbatistas o hará caso a su secretario general. Lo que desconocen los militantes de ERC es que Bargalló sí dispone de una corbata: se trata de un ejemplar en el que se repite en la tela una frase: "A mí no me gustan las corbatas".
La corbata tiene múltiples enemigos. El primero, internet, porque los directivos de este universo consideran que el mundo de la red es joven, rebelde y transgresor, conceptos que no se asocian a esta prenda. Un segundo escenario hostil es el ecologista, como lo demuestra que el ministro de Medio Ambiente japonés pusiera en marcha la campaña "Sin corbata, sin chaqueta", a fin de consumir menos energía y contaminar menos la atmósfera con el aire acondicionado de las oficinas. La tercera trinchera anticorbatera es el islam, cuyos dirigentes la asimilan con el vestuario de Occidente; basta observar al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad para apreciar que transige con el traje pero nunca con la corbata.
Sin embargo, la corbata resiste ante colectivos tan manifiestamente hostiles, poniendo en evidencia sus contradicciones. Así resulta que, el día de la fusión de internet AOL con Time Warner, Steve Case se puso la mejor de sus corbatas para la foto, cuando sus empleados desconocían que tuviera una. Igualmente, los funcionarios japoneses se han negado a seguir las instrucciones de las autoridades niponas porque desvalorizaría la imagen que de ellos tienen sus conciudadanos. Por último, cuando el presidente sirio Bashard al Asad viaja a Occidente no duda en mostrar sus mejores corbatas de marca para distanciarse en la estética de los dirigentes de estados árabes más hostiles.
Oscar Wilde escribió que un nudo bien hecho es el primer paso serio que da un hombre en su vida, lo que induce a pensar que Puigcercós resulta lector habitual del autor dublinés. La duda es si Josep Bargalló, director del Ramon Llull, seguirá en sus trece anticorbatistas o hará caso a su secretario general. Lo que desconocen los militantes de ERC es que Bargalló sí dispone de una corbata: se trata de un ejemplar en el que se repite en la tela una frase: "A mí no me gustan las corbatas".
De uno a otro Pizarro, de Carlos Sentís en La Vanguardia
En la monumental ciudad extremeña de Trujillo se levanta la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, un gran conquistador. Con Almagro anduvieron por las Américas, tan pronto compañeros como enemigos. Y si a última hora Pizarro contribuyó a la muerte de Almagro, los amigos de éste mataron a Pizarro en Lima, convertida en capital o capitanía general.
Actualmente hemos podido seguir, más o menos, los hechos y deshechos de otro Pizarro aunque, naturalmente, no se ha servido de violencia alguna. Su acción ha sido, sin embargo, muy contundente a la hora de atacar desde su puesto de mandamás de Endesa-Fecsa contra las huestes de Gas Natural. Tan pronto se supo de la opa planteada por esta última, apareció el Pizarro actual blandiendo en su mano un ejemplar de la Constitución con una perorata destinada a despertar a sus amigos correligionarios del PP y a otros, para evitar que los catalanes se hicieran con Endesa-Fecsa. Para la economía española el movimiento de empresas no perjudica a nadie.
Por otra parte Fecsa ya era, y desde su fundación, una compañía eléctrica catalana hasta que fue absorbida por Endesa. ¿Unos catalanes adversarios, los de Gas Natural? Tanto ellos como los de La Caixa han llevado siempre una línea de españolidad sin tacha. ¿A qué vino, pues, el aspaviento? A Gas Natural le viene su creación de Pere Duran Farell, apóstol de los desiertos. Había que oírle, al amigo Pere Duran, hablar del refuerzo anímico que le proporcionaba cuando él, solo o acompañado de Montse, su mujer, pasaba alguna semana en el Sahara u en otro desierto más alejado. Fue Duran quien por cuenta de la muy antigua compañía Catalana de Gas arregló con los argelinos el suministro de un gas que llegaba al puerto de Barcelona a bordo de buques metaneros. Quiso perfeccionar su idea y después de dejar amarrado con sus amigos argelinos un futuro suministro, propuso trazar un gasoducto que, procedente de Argelia, llegara a la península Ibérica. No encontró cooperación y sí incredulidad en diversos ministerios españoles. Le decían que el suministro sería inseguro. Que Argelia estaba casi en guerra civil y que cualquiera de los contendientes podía desbaratar el servicio. En cambio, Pere Duran estaba muy seguro de los argelinos. Creía que nunca se perderían los argelinos un ingreso sólido por luchas internas. Podían jugarse su control, pero jamás destruirlo.
Alguien en Madrid se las arregló para que Pere Duran fuera recibido por Franco. Entonces el seductor de los desiertos convenció a Franco, quien dio órdenes a sus ministros para que se llevara a término el proyecto de Pere Duran y de ahí vino la traída del gas argelino no solamente para España, sino también para Portugal, hacia donde se dirigió un brazo del gasoducto. El valor de la traída del gas argelino se ha podido medir muy recientemente. En contraste con la regularidad de su funcionamiento, ha habido un grave incidente en el suministro de gas ruso para Alemania, Polonia y algún otro lugar de Centroeuropa. En efecto, los ucranianos interrumpieron el suministro porque a pesar de que el gasoducto cruza todo su país, Putin no les rebajaba el precio en la cantidad que ellos querían. El corte, que tanto alarmó a los alemanes, duró pocos días, pero el susto estaba dado.
Fuera por las discusiones en torno al Estatut de Catalunya, que tanta anticatalanidad levantó, o por lo que sea, Pizarro, el de la Constitución, se hizo con una gran parte de la opinión mediática, así como la de jefes de instituciones económicas y financieras de la capital. Pronto Pizarro vio su acción premiada con la llegada de los alemanes con su compañía E. ON, tan poderosa. ¿Los de E. ON tuvieron información privilegiada, como ahora apuntan los de Gas Natural? Sea como sea y para abreviar, lo de alemanes antes que catalanes está a punto de convertirse en una realidad. ¿Endesa irá a mejor? Posiblemente, aunque hace pocas semanas E. ON dejó a oscuras gran parte de Alemania y de Polonia con un extenso apagón. E. ON ha conseguido puntos en Bruselas, siempre partidaria de intercambios económicos entre los miembros de la Unión Europea. Pero hay que considerar otros aspectos: bienvenidos los alemanes, siempre y cuando no sea en detrimento de los propios connacionales. Alemania ya posee la primera fábrica que hay en España, que es la Seat. Es para nosotros una garantía, como representan un aporte los muchos alemanes que hay en Baleares, particularmente en Mallorca. Pero todo debería mantenerse en una cierta proporción. Endesa-Fecsa tiene inversiones y montajes en el Cono Sur de América. Es reconfortante para los españoles, que pueden ser recordados de cuando Perón mandaba trigo a la necesitada España de aquella época, comprobar que, pasadas unas cuantas décadas, nuestro país se ha hecho allí presente a través de inversiones técnicofinancieras. Es un poco triste, sin embargo, pensar que ahora se podrá ver a los españoles como una vanguardia de la llegada de los alemanes.
Francisco Pizarro aportó para España un territorio que valía un Perú: era, en efecto, Perú. El Pizarro actual habrá contribuido a trasladar una compañía energética -los imperios actuales son así- a manos de los amigos alemanes.
Actualmente hemos podido seguir, más o menos, los hechos y deshechos de otro Pizarro aunque, naturalmente, no se ha servido de violencia alguna. Su acción ha sido, sin embargo, muy contundente a la hora de atacar desde su puesto de mandamás de Endesa-Fecsa contra las huestes de Gas Natural. Tan pronto se supo de la opa planteada por esta última, apareció el Pizarro actual blandiendo en su mano un ejemplar de la Constitución con una perorata destinada a despertar a sus amigos correligionarios del PP y a otros, para evitar que los catalanes se hicieran con Endesa-Fecsa. Para la economía española el movimiento de empresas no perjudica a nadie.
Por otra parte Fecsa ya era, y desde su fundación, una compañía eléctrica catalana hasta que fue absorbida por Endesa. ¿Unos catalanes adversarios, los de Gas Natural? Tanto ellos como los de La Caixa han llevado siempre una línea de españolidad sin tacha. ¿A qué vino, pues, el aspaviento? A Gas Natural le viene su creación de Pere Duran Farell, apóstol de los desiertos. Había que oírle, al amigo Pere Duran, hablar del refuerzo anímico que le proporcionaba cuando él, solo o acompañado de Montse, su mujer, pasaba alguna semana en el Sahara u en otro desierto más alejado. Fue Duran quien por cuenta de la muy antigua compañía Catalana de Gas arregló con los argelinos el suministro de un gas que llegaba al puerto de Barcelona a bordo de buques metaneros. Quiso perfeccionar su idea y después de dejar amarrado con sus amigos argelinos un futuro suministro, propuso trazar un gasoducto que, procedente de Argelia, llegara a la península Ibérica. No encontró cooperación y sí incredulidad en diversos ministerios españoles. Le decían que el suministro sería inseguro. Que Argelia estaba casi en guerra civil y que cualquiera de los contendientes podía desbaratar el servicio. En cambio, Pere Duran estaba muy seguro de los argelinos. Creía que nunca se perderían los argelinos un ingreso sólido por luchas internas. Podían jugarse su control, pero jamás destruirlo.
Alguien en Madrid se las arregló para que Pere Duran fuera recibido por Franco. Entonces el seductor de los desiertos convenció a Franco, quien dio órdenes a sus ministros para que se llevara a término el proyecto de Pere Duran y de ahí vino la traída del gas argelino no solamente para España, sino también para Portugal, hacia donde se dirigió un brazo del gasoducto. El valor de la traída del gas argelino se ha podido medir muy recientemente. En contraste con la regularidad de su funcionamiento, ha habido un grave incidente en el suministro de gas ruso para Alemania, Polonia y algún otro lugar de Centroeuropa. En efecto, los ucranianos interrumpieron el suministro porque a pesar de que el gasoducto cruza todo su país, Putin no les rebajaba el precio en la cantidad que ellos querían. El corte, que tanto alarmó a los alemanes, duró pocos días, pero el susto estaba dado.
Fuera por las discusiones en torno al Estatut de Catalunya, que tanta anticatalanidad levantó, o por lo que sea, Pizarro, el de la Constitución, se hizo con una gran parte de la opinión mediática, así como la de jefes de instituciones económicas y financieras de la capital. Pronto Pizarro vio su acción premiada con la llegada de los alemanes con su compañía E. ON, tan poderosa. ¿Los de E. ON tuvieron información privilegiada, como ahora apuntan los de Gas Natural? Sea como sea y para abreviar, lo de alemanes antes que catalanes está a punto de convertirse en una realidad. ¿Endesa irá a mejor? Posiblemente, aunque hace pocas semanas E. ON dejó a oscuras gran parte de Alemania y de Polonia con un extenso apagón. E. ON ha conseguido puntos en Bruselas, siempre partidaria de intercambios económicos entre los miembros de la Unión Europea. Pero hay que considerar otros aspectos: bienvenidos los alemanes, siempre y cuando no sea en detrimento de los propios connacionales. Alemania ya posee la primera fábrica que hay en España, que es la Seat. Es para nosotros una garantía, como representan un aporte los muchos alemanes que hay en Baleares, particularmente en Mallorca. Pero todo debería mantenerse en una cierta proporción. Endesa-Fecsa tiene inversiones y montajes en el Cono Sur de América. Es reconfortante para los españoles, que pueden ser recordados de cuando Perón mandaba trigo a la necesitada España de aquella época, comprobar que, pasadas unas cuantas décadas, nuestro país se ha hecho allí presente a través de inversiones técnicofinancieras. Es un poco triste, sin embargo, pensar que ahora se podrá ver a los españoles como una vanguardia de la llegada de los alemanes.
Francisco Pizarro aportó para España un territorio que valía un Perú: era, en efecto, Perú. El Pizarro actual habrá contribuido a trasladar una compañía energética -los imperios actuales son así- a manos de los amigos alemanes.
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El zulo del 11-M, de Montserrat Domínguez en La Vanguardia
FUERA DE FOCO
En el edificio de la Audiencia Nacional lo conocen como el zulo, pero ni siquiera es una habitación: es un rincón de la sala donde trabajan las secretarias. En ese rincón, sin ninguna privacidad, se ha instruido durante más de un año el sumario 20/04 cuya vista oral comenzó ayer. En ese rincón, y separado por sólo un biombo, el juez Juan del Olmo colocaba un radiocasete con música clásica bien alta, de manera que sus vecinos no oyeran los testimonios de los detenidos, imputados y testigos que por su mesa iban desfilando. Una mesa grande y negra, incautada a un narco, y que acumulaba polvo hasta que sobre su tablero fueron encajando, poco a poco, las piezas del diabólico rompecabezas que ha dado lugar a los más de 93.000 folios de la causa.
Algunos de sus más próximos colaboradores creen que fueron las largas horas en ese zulo las que le provocaron a Del Olmo el doble glaucoma que ha padecido, y que tantas burlas ha inspirado a algunos teóricos de la conspiración. Cuando el tiempo apremiaba para que estuviera a punto el auto de procesamiento del 11-M, le buscaron al juez una pantalla extragrande donde seguir trabajando, porque su vista ya no podía con los monitores normales. Aguantó a base de colirio, porque no quiso que la operación quirúrgica retrasara un auto de 1.640 páginas.
La informática ha sido una auténtica pesadilla para el equipo judicial que investigó el 11-M. Armados con los pen drives, las memorias USB portátiles que habían pagado de su propio bolsillo, hubo noches en las que imprimir un auto, o un testimonio, se convirtió en misión imposible. Tampoco había impresoras en color: hubo que implorar una que reflejara la minuciosa reconstrucción de cientos de llamadas cruzadas entre los terroristas. La impresora en color llegó finalmente, pero era de esos modelos antiguos que tardan horas en escupir una página.
Si esta intrahistoria del 11-M les interesa, querrán saber además que a los funcionarios adscritos a la instrucción este caso les ha costado dinero. Dejaron de hacer guardias y de cobrarlas, a cambio de trabajar días, noches y fines de semana, y pagar los aparcamientos, comidas, cenas y demás gastos de su cartera; nadie se hizo cargo de los sandwiches de la cadena Rodilla que en ocasiones hubo que encargar para afrontar una larga noche en vela.
Me cuenta uno de los protagonistas de esta historia que a todos los que han trabajado en la instrucción del 11-M les queda un sabor amargo. Su trabajo no sólo ha sido cuestionado y criticado -al fin y al cabo viene en el sueldo-, sino denostado, puesto en solfa y oscurecido con todo tipo de intenciones perversas. Y es cierto que en una parte de la opinión pública ha calado hondo la impresión de que alguien oculta la verdad. Quienes han manejado miles de datos y pruebas periciales, a una velocidad de vértigo en términos judiciales y bajo una presión extraordinaria, sienten que es injusto que la sombra de la duda planee sobre su trabajo.
Pero ésa es otra historia. Lo que yo quería contarles es que en este país, octava potencia del mundo, con una economía creciendo al 4%, en la Audiencia Nacional se trabaja con herramientas del siglo pasado. Imagínense qué no pasará en un humilde juzgado de guardia.
El juez sensible
Es de los pocos jueces a los que hemos visto emocionarse al dirigirse a las víctimas del 11-M. Pero quienes recuerdan los primeros pasos del juez Del Olmo en Murcia ya conocían esa faceta suya. Nunca cerró la puerta de su despacho, y fue sensible en los años noventa, cuando el sida hacía estragos en una generación de delincuentes, para que los acusados cumplieran sus penas en centros o granjas de desintoxicación, en vez de en las cárceles.
Ayuda a las víctimas
Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M, está especialmente agradecida a la Generalitat: los letrados catalanes que asisten a su asociación en la acusación particular contarán con una subvención para su trabajo y desplazamientos. Manjón destaca que, salvo esta ayuda, los letrados han trabajado largas horas de manera voluntaria y voluntariosa.
El sistema que funciona
El juicio del 11-M ha levantado la lógica expectación dentro y fuera de nuestras fronteras, especialmente en Estados Unidos. Fuentes judiciales afirman que el modelo español es más eficaz en la lucha contra el terrorismo que el norteamericano: porque no tiene jurado, porque la Audiencia Nacional está especializada, y porque los jueces tienen protección especial. Hay algo más: a los terroristas no se les considera soldados sino criminales, y no se les combate con bombas y Guantánamos, sino con la ley en la mano.
En el edificio de la Audiencia Nacional lo conocen como el zulo, pero ni siquiera es una habitación: es un rincón de la sala donde trabajan las secretarias. En ese rincón, sin ninguna privacidad, se ha instruido durante más de un año el sumario 20/04 cuya vista oral comenzó ayer. En ese rincón, y separado por sólo un biombo, el juez Juan del Olmo colocaba un radiocasete con música clásica bien alta, de manera que sus vecinos no oyeran los testimonios de los detenidos, imputados y testigos que por su mesa iban desfilando. Una mesa grande y negra, incautada a un narco, y que acumulaba polvo hasta que sobre su tablero fueron encajando, poco a poco, las piezas del diabólico rompecabezas que ha dado lugar a los más de 93.000 folios de la causa.
Algunos de sus más próximos colaboradores creen que fueron las largas horas en ese zulo las que le provocaron a Del Olmo el doble glaucoma que ha padecido, y que tantas burlas ha inspirado a algunos teóricos de la conspiración. Cuando el tiempo apremiaba para que estuviera a punto el auto de procesamiento del 11-M, le buscaron al juez una pantalla extragrande donde seguir trabajando, porque su vista ya no podía con los monitores normales. Aguantó a base de colirio, porque no quiso que la operación quirúrgica retrasara un auto de 1.640 páginas.
La informática ha sido una auténtica pesadilla para el equipo judicial que investigó el 11-M. Armados con los pen drives, las memorias USB portátiles que habían pagado de su propio bolsillo, hubo noches en las que imprimir un auto, o un testimonio, se convirtió en misión imposible. Tampoco había impresoras en color: hubo que implorar una que reflejara la minuciosa reconstrucción de cientos de llamadas cruzadas entre los terroristas. La impresora en color llegó finalmente, pero era de esos modelos antiguos que tardan horas en escupir una página.
Si esta intrahistoria del 11-M les interesa, querrán saber además que a los funcionarios adscritos a la instrucción este caso les ha costado dinero. Dejaron de hacer guardias y de cobrarlas, a cambio de trabajar días, noches y fines de semana, y pagar los aparcamientos, comidas, cenas y demás gastos de su cartera; nadie se hizo cargo de los sandwiches de la cadena Rodilla que en ocasiones hubo que encargar para afrontar una larga noche en vela.
Me cuenta uno de los protagonistas de esta historia que a todos los que han trabajado en la instrucción del 11-M les queda un sabor amargo. Su trabajo no sólo ha sido cuestionado y criticado -al fin y al cabo viene en el sueldo-, sino denostado, puesto en solfa y oscurecido con todo tipo de intenciones perversas. Y es cierto que en una parte de la opinión pública ha calado hondo la impresión de que alguien oculta la verdad. Quienes han manejado miles de datos y pruebas periciales, a una velocidad de vértigo en términos judiciales y bajo una presión extraordinaria, sienten que es injusto que la sombra de la duda planee sobre su trabajo.
Pero ésa es otra historia. Lo que yo quería contarles es que en este país, octava potencia del mundo, con una economía creciendo al 4%, en la Audiencia Nacional se trabaja con herramientas del siglo pasado. Imagínense qué no pasará en un humilde juzgado de guardia.
El juez sensible
Es de los pocos jueces a los que hemos visto emocionarse al dirigirse a las víctimas del 11-M. Pero quienes recuerdan los primeros pasos del juez Del Olmo en Murcia ya conocían esa faceta suya. Nunca cerró la puerta de su despacho, y fue sensible en los años noventa, cuando el sida hacía estragos en una generación de delincuentes, para que los acusados cumplieran sus penas en centros o granjas de desintoxicación, en vez de en las cárceles.
Ayuda a las víctimas
Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M, está especialmente agradecida a la Generalitat: los letrados catalanes que asisten a su asociación en la acusación particular contarán con una subvención para su trabajo y desplazamientos. Manjón destaca que, salvo esta ayuda, los letrados han trabajado largas horas de manera voluntaria y voluntariosa.
El sistema que funciona
El juicio del 11-M ha levantado la lógica expectación dentro y fuera de nuestras fronteras, especialmente en Estados Unidos. Fuentes judiciales afirman que el modelo español es más eficaz en la lucha contra el terrorismo que el norteamericano: porque no tiene jurado, porque la Audiencia Nacional está especializada, y porque los jueces tienen protección especial. Hay algo más: a los terroristas no se les considera soldados sino criminales, y no se les combate con bombas y Guantánamos, sino con la ley en la mano.
¿Condenarse a la fantasía?, de Antoni Puigverd en La Vanguardia
LA MASACRE DE MADRID DEL 11M A JUICIO: EL ESPECTADOR
Apesar del serio trabajo del juez instructor, que no ofrece dudas sobre la autoría islámica del 11-M, mucha gente de buena fe cree a pie juntillas que ETA está detrás de los atentados de Atocha. ETA sería el detonante de una gran maquinación destinada a expulsar al PP de la gobernación de España. No es extraño que tanta gente crea, contra todas las evidencias, en la teoría conspirativa. Existe otra verdad en disputa, más allá de la verdad judicial que se dirime en el juicio del 11-M. Una verdad moral.
Aznar se alió con Bush y Blair en un empeño estratégico. Pretendía representar, pensando en el espacio latinoamericano (que incluye EE. UU.), la función de puente atlántico que Gran Bretaña desarrolla para el espacio anglosajón. Fue un error. Colosal si se quiere. Pero no un acto diabólico. Cuando estallaron las bombas del 11-M, no pudo resistir Aznar el vértigo del fracaso total. Dudó. Se olvidó de las víctimas. Y dio la impresión de que pretendía engañar a los españoles. Ahí perdió Aznar la razón moral. No la perdía sólo él. La perdía su partido. Y la perdían los sectores sociales e ideológicos de los que emerge el PP. Frente al vértigo de la pérdida de la razón moral, no había más que dos salidas. O una autocrítica generosa de Aznar, que permitiera a sus herederos reconstruirse moralmente. O la construcción de una fantasía que permitiera impugnar de raíz la moralidad de los sectores que se habían beneficiado del error de la guerra de Iraq y de la tentación de enmascararlo con el engaño del 11-M. Ha triunfado la fantasía conspirativa. No hace falta ser un lince para comprender el poder sugestivo de la fantasía en un mundo complejo como el presente, donde los individuos están a diario sometidos a la batidora de mil noticias contradictorias. Incluso los más sabios y preparados se sienten huérfanos, ante el devenir del mundo, que ha tomado forma de laberinto. Si en nuestro mundo hipertecnificado los más lúcidos dudan entre una receta médica y una patraña naturoide, si en Inglaterra se venden como rosquillas las novelas de un futbolista que cuenta que lady Di fue asesinada por una monarquía que encarna a una pisciforme saga extraterrestre, ¿cómo no va a arraigar en España la fantasía de una conspiración en la que el demonio más familiar (ETA) se alía con los demonios de la Guerra Civil (izquierda, nacionalismos) para barrer a la representación del patriotismo verdadero? Es natural que la fantasía conspirativa arraigue en un sector de la población empujado por los errores de su líder al vértigo de la pérdida de la razón moral. Es normal, incluso, que algunos periodistas se pongan las botas narrando estas fantasías. Lo que no es normal es que los actuales dirigentes del PP no comprendan que tales fantasías ayudan hoy a sobrellevar la oposición, pero les condenan de por vida a una política de fantasmas.
Apesar del serio trabajo del juez instructor, que no ofrece dudas sobre la autoría islámica del 11-M, mucha gente de buena fe cree a pie juntillas que ETA está detrás de los atentados de Atocha. ETA sería el detonante de una gran maquinación destinada a expulsar al PP de la gobernación de España. No es extraño que tanta gente crea, contra todas las evidencias, en la teoría conspirativa. Existe otra verdad en disputa, más allá de la verdad judicial que se dirime en el juicio del 11-M. Una verdad moral.
Aznar se alió con Bush y Blair en un empeño estratégico. Pretendía representar, pensando en el espacio latinoamericano (que incluye EE. UU.), la función de puente atlántico que Gran Bretaña desarrolla para el espacio anglosajón. Fue un error. Colosal si se quiere. Pero no un acto diabólico. Cuando estallaron las bombas del 11-M, no pudo resistir Aznar el vértigo del fracaso total. Dudó. Se olvidó de las víctimas. Y dio la impresión de que pretendía engañar a los españoles. Ahí perdió Aznar la razón moral. No la perdía sólo él. La perdía su partido. Y la perdían los sectores sociales e ideológicos de los que emerge el PP. Frente al vértigo de la pérdida de la razón moral, no había más que dos salidas. O una autocrítica generosa de Aznar, que permitiera a sus herederos reconstruirse moralmente. O la construcción de una fantasía que permitiera impugnar de raíz la moralidad de los sectores que se habían beneficiado del error de la guerra de Iraq y de la tentación de enmascararlo con el engaño del 11-M. Ha triunfado la fantasía conspirativa. No hace falta ser un lince para comprender el poder sugestivo de la fantasía en un mundo complejo como el presente, donde los individuos están a diario sometidos a la batidora de mil noticias contradictorias. Incluso los más sabios y preparados se sienten huérfanos, ante el devenir del mundo, que ha tomado forma de laberinto. Si en nuestro mundo hipertecnificado los más lúcidos dudan entre una receta médica y una patraña naturoide, si en Inglaterra se venden como rosquillas las novelas de un futbolista que cuenta que lady Di fue asesinada por una monarquía que encarna a una pisciforme saga extraterrestre, ¿cómo no va a arraigar en España la fantasía de una conspiración en la que el demonio más familiar (ETA) se alía con los demonios de la Guerra Civil (izquierda, nacionalismos) para barrer a la representación del patriotismo verdadero? Es natural que la fantasía conspirativa arraigue en un sector de la población empujado por los errores de su líder al vértigo de la pérdida de la razón moral. Es normal, incluso, que algunos periodistas se pongan las botas narrando estas fantasías. Lo que no es normal es que los actuales dirigentes del PP no comprendan que tales fantasías ayudan hoy a sobrellevar la oposición, pero les condenan de por vida a una política de fantasmas.
Más allá del crimen y del castigo, está en juego una idea de España, de Enric Juliana en La Vanguardia
LA MASACRE DE MADRID DEL 11-M A JUICIO: EL ESPECTADOR
El juicio del 11-M ha comenzado en Madrid sin que el Estado haya construido todavía un gran monumento a las víctimas del atentado. Las familias damnificadas han recibido generosa ayuda material y psicológica, es cierto; Renfe ha instalado en el vestíbulo de la estación de Atocha unas máquinas automáticas en las que, todavía hoy, es posible escribir mensajes de solidaridad y condolencia, y en el parque del Retiro hay un bosquecillo dedicado a los Ausentes. Los muertos no han caído en el olvido, es verdad, pero el monumento -una poética estructura de cristal que se levantará frente a la estación- todavía no existe.
Puede argumentarse que el mejor homenaje del Estado a las víctimas del 11-M es la instrucción de un sumario de más de 93.226 folios que ha logrado vencer todo tipo de contratiempos, y la celebración de un juicio que pone a prueba la solidez y el prestigio del sistema judicial español, sometido estos últimos meses a fortísimas turbulencias. El juicio de la Casa de Campo vale por mil lápidas y vuelve a dar noticia de España a todo el planeta: no olvidemos que el de Madrid es el mayor proceso judicial al terrorismo islámico que tiene lugar en Occidente desde que los atentados de Nueva York inauguraron una incierta era, ahora hace casi seis años.
Y, sin embargo, el monumento no existe. Su tardanza tiene una significación política. Que es la siguiente: el Estado español, uno de los más antiguos del Viejo Continente, dispone de unos engranajes muy sólidos, pero su alma es débil. La noción de interés general, ya muy frágil en el siglo XIX, saltó por los aires durante la Guerra Civil, y posteriormente fue pateada con saña por el franquismo, que concibió la nación como una red de intereses oligárquicos apenas disimulados por una retórica patriótica que pronto derivó en un eficaz cinismo policial y administrativo. Una cierta idea de España logró sobrevivir, sin embargo, gracias al desarrollo económico y a la puesta en marcha de un ascensor social con mucha capacidad de carga. El indudable éxito de la transición democrática reposa en ese milagro.El galimatías del Estado de las autonomías se sostiene en pie -¿por cuánto tiempo?- gracias al clima de euforia económica imperante desde hace quince años. Y son las buenas perspectivas de la economía las que hoy evitan que la apestosa crispación política derive en una fenomenal desmoralización colectiva. España es fuerte y débil a la vez. En este sentido, el juicio del 11-M va algo más allá del crimen y del castigo, ya que en la Casa de Campo se dilucida la existencia de una verdad mínimamente compartida. Sin esa verdad, el nosotros español todavía sería más frágil. El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, conspicuo representante de una magistratura muy apegada a la fortaleza del Estado, es hoy unos de los hombres clave del espeso cuadro hispánico.
El juicio del 11-M ha comenzado en Madrid sin que el Estado haya construido todavía un gran monumento a las víctimas del atentado. Las familias damnificadas han recibido generosa ayuda material y psicológica, es cierto; Renfe ha instalado en el vestíbulo de la estación de Atocha unas máquinas automáticas en las que, todavía hoy, es posible escribir mensajes de solidaridad y condolencia, y en el parque del Retiro hay un bosquecillo dedicado a los Ausentes. Los muertos no han caído en el olvido, es verdad, pero el monumento -una poética estructura de cristal que se levantará frente a la estación- todavía no existe.
Puede argumentarse que el mejor homenaje del Estado a las víctimas del 11-M es la instrucción de un sumario de más de 93.226 folios que ha logrado vencer todo tipo de contratiempos, y la celebración de un juicio que pone a prueba la solidez y el prestigio del sistema judicial español, sometido estos últimos meses a fortísimas turbulencias. El juicio de la Casa de Campo vale por mil lápidas y vuelve a dar noticia de España a todo el planeta: no olvidemos que el de Madrid es el mayor proceso judicial al terrorismo islámico que tiene lugar en Occidente desde que los atentados de Nueva York inauguraron una incierta era, ahora hace casi seis años.
Y, sin embargo, el monumento no existe. Su tardanza tiene una significación política. Que es la siguiente: el Estado español, uno de los más antiguos del Viejo Continente, dispone de unos engranajes muy sólidos, pero su alma es débil. La noción de interés general, ya muy frágil en el siglo XIX, saltó por los aires durante la Guerra Civil, y posteriormente fue pateada con saña por el franquismo, que concibió la nación como una red de intereses oligárquicos apenas disimulados por una retórica patriótica que pronto derivó en un eficaz cinismo policial y administrativo. Una cierta idea de España logró sobrevivir, sin embargo, gracias al desarrollo económico y a la puesta en marcha de un ascensor social con mucha capacidad de carga. El indudable éxito de la transición democrática reposa en ese milagro.El galimatías del Estado de las autonomías se sostiene en pie -¿por cuánto tiempo?- gracias al clima de euforia económica imperante desde hace quince años. Y son las buenas perspectivas de la economía las que hoy evitan que la apestosa crispación política derive en una fenomenal desmoralización colectiva. España es fuerte y débil a la vez. En este sentido, el juicio del 11-M va algo más allá del crimen y del castigo, ya que en la Casa de Campo se dilucida la existencia de una verdad mínimamente compartida. Sin esa verdad, el nosotros español todavía sería más frágil. El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, conspicuo representante de una magistratura muy apegada a la fortaleza del Estado, es hoy unos de los hombres clave del espeso cuadro hispánico.
Recordando el 11-M, de José Antich en La Vanguardia
CUANDO faltan unas pocas semanas para que se cumpla el tercer aniversario del 11-M, dio comienzo ayer en Madrid el que ya ha sido definido como el juicio por el mayor ataque terrorista ocurrido nunca en España. Demasiado poco tiempo para que las imágenes de aquella infausta mañana no sigan formando parte del imaginario colectivo de los españoles. En este tiempo transcurrido desde aquel 11 de marzo del 2004 han sucedido muchas cosas en España y demasiadas tienen aún que ver con aquel atentado y con la gestión que de aquellas jornadas hizo el gobierno que entonces presidía José María Aznar. Más de una vez se ha dicho que la legislatura española ha venido marcada por aquellos trágicos sucesos. En la vista oral de la Casa de Campo se debería analizar en los próximos meses de una manera muy especial el grado de participación de los 29 implicados que se sientan en el banquillo y todas las derivaciones de un sumario prolijo que concluye que no hubo más trama que la islamista en los atentados. El ruido de fondo de quienes pretenden deslegitimar parte del trabajo realizado hasta la fecha por la justicia pretende, a partir de teorías conspirativas nunca demostradas, ni que sea mínimamente, encontrar algo más que esa autoría. El juicio debe ofrecer respuestas concluyentes. Ése es el reto principal.
Rojo, de Javier Castañeda en Los Blogs de La Vanguardia
Existe, al menos, un día al año en el que todo se tiñe de rojo. Pero si usted ha empezado a detectar por doquier corazones rojos desde hace al menos un par de semanas, previas a la celebración de "tan señalado día", ni tiene visiones, ni su calendario se ha adelantado involuntariamente. No se asuste; tan sólo asiste a la puesta en marcha de una pesada maquinaria de marketing que anunciaba la llegada del "negocio del amor".
Un fenómeno global que arrasa y que transmite la sensación de arraigar cada vez con más fuerza: San Valentín. Probablemente poco imaginaba el Papa Gelasio I, (cuando allá por el año 498 declaró por primera vez la fiesta de San Valentín), que varios siglos más tarde esta festividad se convertiría en un exacerbado ritual consumista. Y aunque no fue hasta La Edad Media cuando se asocia dicha celebración "al amor", Cupido tuvo que esperar al s.XIX para ver instaurada la costumbre de intercambiar masivamente notas de amor. Estas postales -con corazones y cupidos- conocidas como "valentines", cuajarán en Estados Unidos como "happy valentines", con el añadido de regalar flores y bombones como saludo de amor platónico. Parece ser, según relata la Wikipedia , que los primeros "valentines" producidos en masa datan de 1847.
Pero de ahí, al entramado actual, el cuento ha cambiado. Y mucho. La facilidad para importar modas ajenas –como el Carnaval, Halloween, la celebración del nuevo año chino, que por cierto, es el próximo domingo- y así un largo etcétera favorece no sólo la permeabilidad de las mismas, sino que aumenta su aceptación y la participación social activa. Quizá el acentuado deseo de cambio propio de nuestros días, favorezca la buena acogida de nuevas modas. Pero por otro lado, se destierran o son menos celebradas otras fiestas de carácter típicamente religioso, que antaño tenían un buen músculo social en nuestro país –como las procesiones de Semana Santa, la faceta más espiritual de la Navidad, etc. Personalmente, considero que el aumento de calado de estas nuevas tradiciones, cobra vigor en gran medida, sería injusto no destacarlo, a la globalización y a las nuevas tecnologías.
Al menos parece que la atención mediática y social hacia este día crece y, no sólo crece, sino que lo hace de modo imparable. Un buen ejemplo es ver como algunos suplementos dominicales de los diarios con tirada, dedican casi la mitad al tema (imagino que les ha dado algo de pudor dedicar el suplemento entero). Pero como todo el mundo sabe, el pudor es inversamente proporcional a los beneficios. El montante de este día genera pingües beneficios y es un modo de estimular las compras y el consumo, hastiados tras la resaca navideña. También la Red se lleva hoy día un buen pellizco. El mercado global de Internet es el mejor reflejo de este fundido a rojo por el que muchas webs se mimetizan con la sociedad, o viceversa. Internet está literalmente plagado de anuncios que ofrecen desde las clásicas ofertas de flores, bombones, peluches, perfumes felicitaciones ad hoc; hasta un sinfín de productos exclusivos para la ocasión, que amplían el horizonte de la imaginación media (viajes, ropa, accesorios, juguetes sexuales, tecnocaprichos, objetos de decoración y y hasta viagra…).
Hasta las noticias relacionadas con el corazón, parecen aumentar desmesuradamente durante estos días. Claro que, hay algunas que a uno le dejan perplejo, como la del cerdo que mató a su dueño a mordiscos, tras impedirle copular con una cerda de la granja de al lado. Aunque también hay cabida para otras historias enternecedoras, como la de la pareja sepultada cuyos restos han permanecido abrazados durante más de 5.000 años. Bromas aparte, me quedo con los consejos del escritor Mike George , cuando alerta sobre el hecho de tener que recurrir a estímulos como el consumo para mantener el amor, "la gente piensa que el mundo está sólo ahí fuera y no conoce su mundo interior, no crea su mundo interior, porque la tele, la publicidad y los otros, lo crean para cada persona. Si utilizas el mundo para estimularme, te haces dependiente de él. Y así, todos dependen de que se les estimule para no sentirse vacíos". Según George, cuando el amor fluye es lo más poderoso y, el mejor secreto, mucho más que un Valentín, es comprender que "para experimentar amor necesitas dar amor. La paz es, el amor hace, y la felicidad recompensa. Y puesto que el hábito más profundo del ser humano es encerrarse, sólo si te abres para dar, serás capaz de recibir."
Un fenómeno global que arrasa y que transmite la sensación de arraigar cada vez con más fuerza: San Valentín. Probablemente poco imaginaba el Papa Gelasio I, (cuando allá por el año 498 declaró por primera vez la fiesta de San Valentín), que varios siglos más tarde esta festividad se convertiría en un exacerbado ritual consumista. Y aunque no fue hasta La Edad Media cuando se asocia dicha celebración "al amor", Cupido tuvo que esperar al s.XIX para ver instaurada la costumbre de intercambiar masivamente notas de amor. Estas postales -con corazones y cupidos- conocidas como "valentines", cuajarán en Estados Unidos como "happy valentines", con el añadido de regalar flores y bombones como saludo de amor platónico. Parece ser, según relata la Wikipedia , que los primeros "valentines" producidos en masa datan de 1847.
Pero de ahí, al entramado actual, el cuento ha cambiado. Y mucho. La facilidad para importar modas ajenas –como el Carnaval, Halloween, la celebración del nuevo año chino, que por cierto, es el próximo domingo- y así un largo etcétera favorece no sólo la permeabilidad de las mismas, sino que aumenta su aceptación y la participación social activa. Quizá el acentuado deseo de cambio propio de nuestros días, favorezca la buena acogida de nuevas modas. Pero por otro lado, se destierran o son menos celebradas otras fiestas de carácter típicamente religioso, que antaño tenían un buen músculo social en nuestro país –como las procesiones de Semana Santa, la faceta más espiritual de la Navidad, etc. Personalmente, considero que el aumento de calado de estas nuevas tradiciones, cobra vigor en gran medida, sería injusto no destacarlo, a la globalización y a las nuevas tecnologías.
Al menos parece que la atención mediática y social hacia este día crece y, no sólo crece, sino que lo hace de modo imparable. Un buen ejemplo es ver como algunos suplementos dominicales de los diarios con tirada, dedican casi la mitad al tema (imagino que les ha dado algo de pudor dedicar el suplemento entero). Pero como todo el mundo sabe, el pudor es inversamente proporcional a los beneficios. El montante de este día genera pingües beneficios y es un modo de estimular las compras y el consumo, hastiados tras la resaca navideña. También la Red se lleva hoy día un buen pellizco. El mercado global de Internet es el mejor reflejo de este fundido a rojo por el que muchas webs se mimetizan con la sociedad, o viceversa. Internet está literalmente plagado de anuncios que ofrecen desde las clásicas ofertas de flores, bombones, peluches, perfumes felicitaciones ad hoc; hasta un sinfín de productos exclusivos para la ocasión, que amplían el horizonte de la imaginación media (viajes, ropa, accesorios, juguetes sexuales, tecnocaprichos, objetos de decoración y y hasta viagra…).
Hasta las noticias relacionadas con el corazón, parecen aumentar desmesuradamente durante estos días. Claro que, hay algunas que a uno le dejan perplejo, como la del cerdo que mató a su dueño a mordiscos, tras impedirle copular con una cerda de la granja de al lado. Aunque también hay cabida para otras historias enternecedoras, como la de la pareja sepultada cuyos restos han permanecido abrazados durante más de 5.000 años. Bromas aparte, me quedo con los consejos del escritor Mike George , cuando alerta sobre el hecho de tener que recurrir a estímulos como el consumo para mantener el amor, "la gente piensa que el mundo está sólo ahí fuera y no conoce su mundo interior, no crea su mundo interior, porque la tele, la publicidad y los otros, lo crean para cada persona. Si utilizas el mundo para estimularme, te haces dependiente de él. Y así, todos dependen de que se les estimule para no sentirse vacíos". Según George, cuando el amor fluye es lo más poderoso y, el mejor secreto, mucho más que un Valentín, es comprender que "para experimentar amor necesitas dar amor. La paz es, el amor hace, y la felicidad recompensa. Y puesto que el hábito más profundo del ser humano es encerrarse, sólo si te abres para dar, serás capaz de recibir."
Sorteo bajo protección policial, de Enric Sierra en Los Blogs de La Vanguardia
El Ajuntament de Barcelona tuvo que sortear ayer 1.500 pisos de protección social porque había 54.800 aspirantes. Durante este mandato municipal que está a punto de acabar, los sorteos de pisos sociales han brillado por su ausencia. Los pisos de protección que se han construido en los últimos cuatro años se han destinado, en su inmensa mayoría, a realojar a propietarios e inquilinos afectados por operaciones urbanísticas. Por tanto, aunque las cifras de pisos sociales que nos presenten desde el consistorio podrían ser a simple vista satisfactorias, no lo han sido para las decenas de miles de personas que necesitan un lugar donde vivir porque esas viviendas públicas no se han puesto en el mercado sino que ya tenían inquilino antes incluso de construirlos. Por ese motivo, la lista de espera se ha hecho cada vez más larga.
La situación de la vivienda en Barcelona es gravísima. Comprar un piso en el mercado es casi imposible para el bolsillo medio y alquilarlo empieza a ser también un lujo, con lo que se vuelve a poner de moda el realquiler de habitaciones para llegar a la cifra que piden los caseros. El sorteo de ayer puso todo esto de manifiesto al presentarse una media de 36 personas aspirantes a cada uno de los pisos que se ofrecían.
Para acabarlo de complicar, la rifa municipal se hizo a puerta cerrada, con muy pocos invitados y bajo protección policial. Suena todo muy feudal. El señor se digna a ser generoso con sus lacayos, pero no quiere ser molestado. Bastante hace el señor como para que le vengan a estropear la fiesta. Está claro que no se está tomando en serio la crisis social de la vivienda y por algún lado explotará. Aquí sí que hace falta algún Eto'o de turno que las cante claras.
La situación de la vivienda en Barcelona es gravísima. Comprar un piso en el mercado es casi imposible para el bolsillo medio y alquilarlo empieza a ser también un lujo, con lo que se vuelve a poner de moda el realquiler de habitaciones para llegar a la cifra que piden los caseros. El sorteo de ayer puso todo esto de manifiesto al presentarse una media de 36 personas aspirantes a cada uno de los pisos que se ofrecían.
Para acabarlo de complicar, la rifa municipal se hizo a puerta cerrada, con muy pocos invitados y bajo protección policial. Suena todo muy feudal. El señor se digna a ser generoso con sus lacayos, pero no quiere ser molestado. Bastante hace el señor como para que le vengan a estropear la fiesta. Está claro que no se está tomando en serio la crisis social de la vivienda y por algún lado explotará. Aquí sí que hace falta algún Eto'o de turno que las cante claras.
Empieza el juicio del 11-M, de Lluís Foix en Los Blogs de La Vanguardia
Ha empezado el macrojuicio sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid que causaron la muerte de 192 personas. Ha terminado, por lo tanto, el largo periodo de juicios paralelos en los que se han involucrado algunos medios de comunicación madrileños, la emisora COPE y el Partido Popular.
Los 29 imputados declararán o no declararán de acuerdo con sus derechos constitucionales. El proceso se ha iniciado con las garantías jurídicas preceptivas. Se instruyó un sumario, se dio conocimiento a las partes y la fiscalía y la defensa harán uso de sus respectivas prerrogativas.
El juicio puede prolongarse meses. Habrá sesiones tensas entre la defensa y el tribunal y entre los fiscales y los jueces. Pueden producirse altercados en la sala que no deben alterar la marcha del juicio en el que el presidente debe mantener el fondo y la forma de los procedimientos.
Es un juicio que será seguido en todo el mundo, especialmente en Europa y Estados Unidos donde el terrorismo de procedencia islámica ha golpeado con gran devastación. Las pruebas orales, escritas o de cualquier procedencia deberán tenerse en cuenta. Se escucharán versiones de todo tipo y los acusados, como ha pasado hoy con 'El Egipcio', negarán o afirmarán lo que consideren oportuno.
Se juzga un atentado terrorista que conmovió a Europa y al mundo por ser el atentado terrorista que ha causado más víctimas en el continente. Se da la circunstancia, además, que aquel atentado se perpetró tres días antes de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, una circunstancia que movilizó a cientos de miles de personas que posiblemente no habrían acudido a las urnas, pero lo hicieron y contribuyeron a que el Partido Popular pasara de tener una sólida mayoría absoluta a quedarse en la oposición.
Sería una temeridad convertir este juicio por un atentado tan sangriento y tan masivo en un instrumento político. Quiero pensar que el tribunal actuará con la responsabilidad que se le suponen y administrará justicia según la ley y de acuerdo con las pruebas que pueda acumular.
El legado de aquellos tres frenéticos días de marzo de 2004 ha trazado una profunda división entre los dos partidos mayoritarios en el Congreso. Las bombas no han unificado a las fuerzas políticas sino que ha partido la sociedad española entre quienes piensan que se trataba de una conspiración para derrotar al Partido Popular y quienes han dejado en manos de los jueces para que emitan un veredicto ajustado a la ley cuando se termine el proceso.
Desde la oposición se ha dicho de todo. Incluso se ha afirmado que el sumario debía declararse nulo. Los medios que se han sumado a la teoría de la conspiración han dedicado cientos de páginas en buscar pruebas que implicaran a ETA en los atentados. En la radio popular, la COPE, se ha trabajado con la hipótesis que el terrorismo etarra había participado en los crímenes.
Pero en el sumario no se ha detectado ninguna vinculación con la banda terrorista ETA. Ni la policía, ni la guardia civil, ni los servicios de inteligencia nacionales y extranjeros han aportado las pruebas que han sido publicadas por el periódico 'El Mundo'.
Siete de los imputados de haber participado directamente en los atentados son de procedencia marroquí. El resto de los imputados indirectamente en los crímenes, once son marroquíes, ocho españoles, y los tres restantes son de nacionalidad argelina, siria y libanesa. No se puede tener una opinión apriorística sobre el juicio. Si se invoca la independencia de la justicia en la recusación de un magistrado del Tribunal Constitucional, por ejemplo, también hay que suponer la misma independencia por el tribunal que va a dirigir este juicio.
Ha llegado la hora de las pruebas, de la defensa, de las acusaciones de los fiscales, de los careos, de las preguntas del tribunal sobre cualquier aspecto del proceso. No podemos invocar el Estado de Derecho de manera selectiva. Es muy importante que este juicio se desarrolle de acuerdo con la ley y con las garantías de un proceso justo por parte de los imputados.
Sería un error que siguieran los juicios paralelos una vez que ha empezado el juicio de verdad. El extraño suicidio de siete supuestos terroristas que participaron en la matanza en un piso de Leganés es un misterio que no ha sido esclarecido hasta ahora. Sus testimonios se los llevaron a la tumba.
Lo más inquietante es que la teoría de la conspiración ha tomado cuerpo en amplios sectores de la opinión pública. En Estados Unidos todavía existe la teoría de la conspiración a pesar de los miles de folios del informe Warren.
Los 29 imputados declararán o no declararán de acuerdo con sus derechos constitucionales. El proceso se ha iniciado con las garantías jurídicas preceptivas. Se instruyó un sumario, se dio conocimiento a las partes y la fiscalía y la defensa harán uso de sus respectivas prerrogativas.
El juicio puede prolongarse meses. Habrá sesiones tensas entre la defensa y el tribunal y entre los fiscales y los jueces. Pueden producirse altercados en la sala que no deben alterar la marcha del juicio en el que el presidente debe mantener el fondo y la forma de los procedimientos.
Es un juicio que será seguido en todo el mundo, especialmente en Europa y Estados Unidos donde el terrorismo de procedencia islámica ha golpeado con gran devastación. Las pruebas orales, escritas o de cualquier procedencia deberán tenerse en cuenta. Se escucharán versiones de todo tipo y los acusados, como ha pasado hoy con 'El Egipcio', negarán o afirmarán lo que consideren oportuno.
Se juzga un atentado terrorista que conmovió a Europa y al mundo por ser el atentado terrorista que ha causado más víctimas en el continente. Se da la circunstancia, además, que aquel atentado se perpetró tres días antes de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, una circunstancia que movilizó a cientos de miles de personas que posiblemente no habrían acudido a las urnas, pero lo hicieron y contribuyeron a que el Partido Popular pasara de tener una sólida mayoría absoluta a quedarse en la oposición.
Sería una temeridad convertir este juicio por un atentado tan sangriento y tan masivo en un instrumento político. Quiero pensar que el tribunal actuará con la responsabilidad que se le suponen y administrará justicia según la ley y de acuerdo con las pruebas que pueda acumular.
El legado de aquellos tres frenéticos días de marzo de 2004 ha trazado una profunda división entre los dos partidos mayoritarios en el Congreso. Las bombas no han unificado a las fuerzas políticas sino que ha partido la sociedad española entre quienes piensan que se trataba de una conspiración para derrotar al Partido Popular y quienes han dejado en manos de los jueces para que emitan un veredicto ajustado a la ley cuando se termine el proceso.
Desde la oposición se ha dicho de todo. Incluso se ha afirmado que el sumario debía declararse nulo. Los medios que se han sumado a la teoría de la conspiración han dedicado cientos de páginas en buscar pruebas que implicaran a ETA en los atentados. En la radio popular, la COPE, se ha trabajado con la hipótesis que el terrorismo etarra había participado en los crímenes.
Pero en el sumario no se ha detectado ninguna vinculación con la banda terrorista ETA. Ni la policía, ni la guardia civil, ni los servicios de inteligencia nacionales y extranjeros han aportado las pruebas que han sido publicadas por el periódico 'El Mundo'.
Siete de los imputados de haber participado directamente en los atentados son de procedencia marroquí. El resto de los imputados indirectamente en los crímenes, once son marroquíes, ocho españoles, y los tres restantes son de nacionalidad argelina, siria y libanesa. No se puede tener una opinión apriorística sobre el juicio. Si se invoca la independencia de la justicia en la recusación de un magistrado del Tribunal Constitucional, por ejemplo, también hay que suponer la misma independencia por el tribunal que va a dirigir este juicio.
Ha llegado la hora de las pruebas, de la defensa, de las acusaciones de los fiscales, de los careos, de las preguntas del tribunal sobre cualquier aspecto del proceso. No podemos invocar el Estado de Derecho de manera selectiva. Es muy importante que este juicio se desarrolle de acuerdo con la ley y con las garantías de un proceso justo por parte de los imputados.
Sería un error que siguieran los juicios paralelos una vez que ha empezado el juicio de verdad. El extraño suicidio de siete supuestos terroristas que participaron en la matanza en un piso de Leganés es un misterio que no ha sido esclarecido hasta ahora. Sus testimonios se los llevaron a la tumba.
Lo más inquietante es que la teoría de la conspiración ha tomado cuerpo en amplios sectores de la opinión pública. En Estados Unidos todavía existe la teoría de la conspiración a pesar de los miles de folios del informe Warren.
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Dibujar viendo la televisión, de Ruth Toledano en El País de Madrid
Ya está Madrid revolucionado con la nueva edición de Arco. Ya se siente el revuelo de comisarios, críticos y marchantes, que ésos sí que tienen arte, como decía ayer El Roto, artista que expone aquí todos los días. Y Arco con nueva dirección. Y Arco con nuevo trazado interiorista. Y Arco con Corea, con su mitad sureña. Y Arco con falsos mendigos y auténticos millonarios. Y viceversa. Lo que es el arte. Arco Iris Sport Club, Juana de Arco, Tiro con Arco, La inserción del psiquismo en el arco sensoriomotor, Arco Bodegas Unidas, Grupo Arco (alquiler y venta de andamios y todo tipo de máquinas para la construcción, el hogar y el jardín): es lo que dice Google. La enciclopedia post-posmoderna. El enciclopedismo de post-it. Nuestra era.
Este año, el gran protagonista, dicen, en la feria de muestras y de vanidades es Damien Hirst, principal representante del llamado brit art, joya o bisutería de la Corona inglesa. Que no baratija: en seis millones de euros está valorada una de sus macropiezas, El señor los creó a todos, y en cuatro (millones de euros) está en venta La historia del dolor. No es para menos, suponiendo que el britartist haya conseguido contar historia tan ingente. Total, para que, haciendo honor a su título, la compre un Saatchi cualquiera y acabe ardiendo en un macrocontenedor. Que así es la vida y no otra cosa es el arte. Nuestra era.
En la edición digital de EL PAÍS se encuentra la siguiente encuesta: "A la vista de las obras expuestas en ferias de arte contemporáneo como Arco: ¿Qué sentimiento o pensamiento inmediato te sugieren?". Opciones de respuesta: "No entiendo nada: esto no es arte". "Lo entiendo, pero es arte frío y críptico". "No me emociona como otras expresiones (cine, música, literatura...)". "Disfruto: estos artistas reflejan el mundo en que vivo".
Lo que peor llevo de la encuesta digital de nuestra era es que no permite la posibilidad, en su caso, de marcar todas las respuestas. Es en asuntos como éste donde se demuestra la incontestable superioridad del lápiz y el papel, con los que podrías poner cuatro equis y quedarte tan ancha. Resulta poco ortodoxo, no lo voy a negar, pero, ¿cuándo la verdad lo es? El caso es que, pensándolo bien, la encuesta en sí sobre Arco parece una obra de arte conceptual. Podría serlo: imagino ese texto en Ifema, dejando a propios y extraños boquiabiertos de admiración mientras pasa una y otra vez en un gigantesco rótulo digital con letras rojas, modelo subtítulo de Filmoteca. Una pieza rollo Barbara Kruger o Jenny Holzer, pero más actual, claro, revisitadas, pasadas por The Black Box.
A mí me gusta, no sé si me entienden, y quizá me haya convertido en creadora y máxima representante del span art (denominación derivada de un juego entre las palabras -en inglés, of course- spanish y spam; interesante, ¿eh?). Agradezco la inspiración a EL PAÍS digital, donde comisarios, críticos y marchantes pueden pedir razón de mí, pero dejo aquí mismo constancia de que la idea me pertenece, o sea, de que la artista soy yo.
Bien. Hace unos días, imbuida de este espíritu preferial, me pasé por Mad is Mad, una pequeña galería en la calle Pelayo concebida por sus propietarios como "un espacio para la creación contemporánea, caracterizado por la pluralidad de conceptos y formatos, y los precios asequibles". Por Mad is Mad han pasado artistas como Isabel Muñoz, Úrculo, Ballester o, actualmente, con una serie de retratos ciertamente modiglianescos, el pintor y diseñador gráfico Óscar Mariné.
Pero lo que me atraía era la presentación de la obra de tres jóvenes mujeres, Natalia Pintado, Cristina Busto y Lidia Toga, junto con las que expone el italiano Fausto Grossi. La ficha de la galería asegura, acerca de los dibujos de Lidia Toga, que "enlazan lo mismo con el cartoon (ilustraciones emotivas y populares) que con las distorsiones y fugas psicológicas del expresionismo alemán". Pero sobre su proceso de creación la artista explica: "Me siento en el sofá y dibujo viendo la tele". Nuestra era.
Viendo la tele, precisamente, realizó el vídeo titulado En un momento, una micrograbación de factura casera (rollo paliza a mendigo pero sin Mal) que alterna la imagen en pantalla, distorsionada por la cámara, de Fred Astaire y Ginger Rogers bailando con el vuelo sobre el cielo de Lavapiés de una bandada de vencejos vista a través de la ventana. Y ante esa posibilidad real de la felicidad, cogida al vuelo, pienso que quizá los inquietantes y divertidos personajes de sus dibujos de ciento y pico euros lleguen algún día al Arco del Triunfo. ¿Seguirán siendo entonces felices como vencejos, pájaro en mano?
Este año, el gran protagonista, dicen, en la feria de muestras y de vanidades es Damien Hirst, principal representante del llamado brit art, joya o bisutería de la Corona inglesa. Que no baratija: en seis millones de euros está valorada una de sus macropiezas, El señor los creó a todos, y en cuatro (millones de euros) está en venta La historia del dolor. No es para menos, suponiendo que el britartist haya conseguido contar historia tan ingente. Total, para que, haciendo honor a su título, la compre un Saatchi cualquiera y acabe ardiendo en un macrocontenedor. Que así es la vida y no otra cosa es el arte. Nuestra era.
En la edición digital de EL PAÍS se encuentra la siguiente encuesta: "A la vista de las obras expuestas en ferias de arte contemporáneo como Arco: ¿Qué sentimiento o pensamiento inmediato te sugieren?". Opciones de respuesta: "No entiendo nada: esto no es arte". "Lo entiendo, pero es arte frío y críptico". "No me emociona como otras expresiones (cine, música, literatura...)". "Disfruto: estos artistas reflejan el mundo en que vivo".
Lo que peor llevo de la encuesta digital de nuestra era es que no permite la posibilidad, en su caso, de marcar todas las respuestas. Es en asuntos como éste donde se demuestra la incontestable superioridad del lápiz y el papel, con los que podrías poner cuatro equis y quedarte tan ancha. Resulta poco ortodoxo, no lo voy a negar, pero, ¿cuándo la verdad lo es? El caso es que, pensándolo bien, la encuesta en sí sobre Arco parece una obra de arte conceptual. Podría serlo: imagino ese texto en Ifema, dejando a propios y extraños boquiabiertos de admiración mientras pasa una y otra vez en un gigantesco rótulo digital con letras rojas, modelo subtítulo de Filmoteca. Una pieza rollo Barbara Kruger o Jenny Holzer, pero más actual, claro, revisitadas, pasadas por The Black Box.
A mí me gusta, no sé si me entienden, y quizá me haya convertido en creadora y máxima representante del span art (denominación derivada de un juego entre las palabras -en inglés, of course- spanish y spam; interesante, ¿eh?). Agradezco la inspiración a EL PAÍS digital, donde comisarios, críticos y marchantes pueden pedir razón de mí, pero dejo aquí mismo constancia de que la idea me pertenece, o sea, de que la artista soy yo.
Bien. Hace unos días, imbuida de este espíritu preferial, me pasé por Mad is Mad, una pequeña galería en la calle Pelayo concebida por sus propietarios como "un espacio para la creación contemporánea, caracterizado por la pluralidad de conceptos y formatos, y los precios asequibles". Por Mad is Mad han pasado artistas como Isabel Muñoz, Úrculo, Ballester o, actualmente, con una serie de retratos ciertamente modiglianescos, el pintor y diseñador gráfico Óscar Mariné.
Pero lo que me atraía era la presentación de la obra de tres jóvenes mujeres, Natalia Pintado, Cristina Busto y Lidia Toga, junto con las que expone el italiano Fausto Grossi. La ficha de la galería asegura, acerca de los dibujos de Lidia Toga, que "enlazan lo mismo con el cartoon (ilustraciones emotivas y populares) que con las distorsiones y fugas psicológicas del expresionismo alemán". Pero sobre su proceso de creación la artista explica: "Me siento en el sofá y dibujo viendo la tele". Nuestra era.
Viendo la tele, precisamente, realizó el vídeo titulado En un momento, una micrograbación de factura casera (rollo paliza a mendigo pero sin Mal) que alterna la imagen en pantalla, distorsionada por la cámara, de Fred Astaire y Ginger Rogers bailando con el vuelo sobre el cielo de Lavapiés de una bandada de vencejos vista a través de la ventana. Y ante esa posibilidad real de la felicidad, cogida al vuelo, pienso que quizá los inquietantes y divertidos personajes de sus dibujos de ciento y pico euros lleguen algún día al Arco del Triunfo. ¿Seguirán siendo entonces felices como vencejos, pájaro en mano?
Carnaval, de Mariano Maresca en El País de Andalucía
La pregunta habitual era qué libro te llevarías a una isla desierta, pero imagino que ahora te darían a elegir entre politonos o cosas por el estilo. Dejémoslo en una película. La que yo elegiría sería una de Orson Welles, Campanadas a medianoche, en la que un viejo desdentado que acompaña al desahuciado y vencido Falstaft repite una y otra vez, cuando el gordo Welles cuenta sus historias, una frase tan afilada como esta: "Sir John, las cosas que hemos visto". En Campanadas a medianoche, esa frase daba pie a un discurso desengañado de todo, destilado desde la necesidad de decir la verdad que sólo resulta natural en labios de un moribundo.
"Sir John, las cosas que hemos visto". Por ejemplo, a la Iglesia queriendo gobernar el carnaval. El escándalo que tanto tiempo ha consumido en los informativos de Canal Sur a propósito del cura que quiere excomulgar a una comparsa por llamar por su nombre a la hostia y pintársela en la cara, es un espeluznante ejemplo del retroceso de la libertad moral de la sociedad civil que estamos sufriendo en silencio. ¿Nadie se ha dado cuenta del sinsentido que hay en el fondo de este acontecimiento aparentemente menor? Porque el trato era el siguiente: la Iglesia manda, impone sus aberraciones neuróticas todos los días y a todas las horas, calla ante escándalos mayúsculos y se manifiesta en contra de los valores civiles, pero a cambio hay un día del año, un solo día, en el que la Iglesia tiene que aguantar que el mariquita se vista de obispo y la puta luzca una corona de virgen y a los dos el alba los salude con un beso de toda la creación que los mande a dormir felices y sin remordimientos.
Pero nuestra sociedad ha experimentado un retroceso moral que habilita a los curas para intentar legislar sobre ese día de carnaval que era sólo nuestro. Se está produciendo una inversión de la inversión carnavalesca. Todos los días es carnaval, todos los días los poderes de toda laya que tenemos encima nos acogotan con su disciplina inexorable y una intensidad que nos deforma y nos hace vivir y movernos como seres contrahechos. ¿Qué más quieren? ¿No somos ya lo suficientemente grotescos? ¿Cómo no vamos a llamar a las cosas por su nombre, al menos un día al año? ¿O es que no son hostias las que nos dan?
En todas las pantallas ha comparecido Zaplana exigiendo que el nuevo ministro de Justicia explique qué significa su afirmación de que es de izquierdas. Este es el retroceso moral: un sujeto tan dudoso en todos los sentidos como Zaplana puede permitirse el lujo de hacer esa pregunta porque se siente habilitado para convertir la afirmación de una posición ideológica de izquierdas en algo sospechoso de quién sabe qué atrocidades. Hemos pasado de una cultura democrática en la que la gente de derechas ha sabido lucrarse de una generosa presunción de conciencia democrática, a una posición de arrinconamiento de la conciencia libre y crítica. No entiendo la equidistancia de los medios de comunicación a la hora de hablar de todo esto: las hostias son las hostias, Zaplana es Zaplana y el carnaval que desnude la verdad de esta farsa tendría que durar todo el año.
"Sir John, las cosas que hemos visto". Por ejemplo, a la Iglesia queriendo gobernar el carnaval. El escándalo que tanto tiempo ha consumido en los informativos de Canal Sur a propósito del cura que quiere excomulgar a una comparsa por llamar por su nombre a la hostia y pintársela en la cara, es un espeluznante ejemplo del retroceso de la libertad moral de la sociedad civil que estamos sufriendo en silencio. ¿Nadie se ha dado cuenta del sinsentido que hay en el fondo de este acontecimiento aparentemente menor? Porque el trato era el siguiente: la Iglesia manda, impone sus aberraciones neuróticas todos los días y a todas las horas, calla ante escándalos mayúsculos y se manifiesta en contra de los valores civiles, pero a cambio hay un día del año, un solo día, en el que la Iglesia tiene que aguantar que el mariquita se vista de obispo y la puta luzca una corona de virgen y a los dos el alba los salude con un beso de toda la creación que los mande a dormir felices y sin remordimientos.
Pero nuestra sociedad ha experimentado un retroceso moral que habilita a los curas para intentar legislar sobre ese día de carnaval que era sólo nuestro. Se está produciendo una inversión de la inversión carnavalesca. Todos los días es carnaval, todos los días los poderes de toda laya que tenemos encima nos acogotan con su disciplina inexorable y una intensidad que nos deforma y nos hace vivir y movernos como seres contrahechos. ¿Qué más quieren? ¿No somos ya lo suficientemente grotescos? ¿Cómo no vamos a llamar a las cosas por su nombre, al menos un día al año? ¿O es que no son hostias las que nos dan?
En todas las pantallas ha comparecido Zaplana exigiendo que el nuevo ministro de Justicia explique qué significa su afirmación de que es de izquierdas. Este es el retroceso moral: un sujeto tan dudoso en todos los sentidos como Zaplana puede permitirse el lujo de hacer esa pregunta porque se siente habilitado para convertir la afirmación de una posición ideológica de izquierdas en algo sospechoso de quién sabe qué atrocidades. Hemos pasado de una cultura democrática en la que la gente de derechas ha sabido lucrarse de una generosa presunción de conciencia democrática, a una posición de arrinconamiento de la conciencia libre y crítica. No entiendo la equidistancia de los medios de comunicación a la hora de hablar de todo esto: las hostias son las hostias, Zaplana es Zaplana y el carnaval que desnude la verdad de esta farsa tendría que durar todo el año.
Mirar para Andalucia, de Javier Pérez Royo en El País de Andalucía
El 5 de febrero, en una conferencia que pronunció el presidente del Senado, Javier Rojo, sobre la visión que se tenía en el resto de España del lugar de la autonomía andaluza en la construcción del Estado Autonómico, confesó que, cuando se aprobó la proposición de ley de reforma del Estatuto de Autonomía para Cataluña en el Parlamento de aquella comunidad y se generó la inseguridad que se generó en el conjunto de la sociedad española, la reacción que se produjo en quienes ocupaban en aquel momento la presidencia del Congreso y del Senado fue mirar para Andalucía. Ahora vendrá la reforma estatutaria andaluza y se acabará poniendo orden en este proceso que parece haberse salido de madre.
Y efectivamente, así fue. Sin el impulso inicial de Cataluña no se habría puesto en marcha el proceso de reformas estatutarias. Pero sin la reforma andaluza no hubiera podido culminar con éxito la reforma catalana. Esto es algo en lo que se diferencia este proceso de reformas estatutarias de lo que fueron los procesos estatuyentes originarios.
En 1979-81 los procesos estatuyentes de las llamadas nacionalidades históricas pudieron desarrollarse sin tomar en consideración el ejercicio del derecho a la autonomía de las demás regiones españolas. Fue el referéndum de 1980 el que tomó a dichas nacionalidades y fundamentalmente a Cataluña como punto de referencia para la reivindicación del derecho a la autonomía. Transformar la excepción nacionalista en norma estatal fue el resultado de aquél referéndum. De ahí la revisión que tuvo que producirse en la interpretación de la Constitución, canalizada a través de los Pactos Autonómicos de 1981 y 1992, mediante los que se configuró el Estado Autonómico tal como lo conocemos.
Desde entonces estamos en otro momento. Ya no hay ninguna comunidad autónoma que pueda pretender ejercer el derecho a la autonomía sin que tenga que tomar en consideración el ejercicio de dicho derecho por las demás. Esto es lo que diferencia 1979-80 de 2006-2007. En 1989, cuando se negociaron los estatutos de autonomía vasco y catalán, como no se sabía qué tipo de autonomía iban a tener las demás comunidades autónomas, no había por qué tomar en consideración lo que ocurriera en el resto del Estado. En 2006-2007, una vez que tenemos el Estado territorializado por completo en comunidades autónomas que tienen la misma posición en cuanto unidades de descentralización política del mismo, ya no se puede proceder así. En 1979 no había norma estatal en lo que al ejercicio del derecho a la autonomía se refiere. La autonomía se contemplaba solamente como excepción. Hoy existe una norma estatal, que fue la norma andaluza resultante del 28 F.
Hoy ya no es posible la reforma del ejercicio del derecho a la autonomía sin tener como punto de referencia la norma estatal. Por razones sustantivas y procesales, por ser la única comunidad autónoma no nacionalidad histórica constituida por el 151 CE y por ser, en consecuencia, la única cuya reforma estatutaria se negocia de la misma manera que las reformas estatutarias de las nacionalidades con la exigencia de referéndum incluida, Andalucía es la portadora de la norma estatal que opera simultáneamente como límite para cualquier excepción que pretenda imponerse en el ejercicio del derecho y como garantía para todas las demás comunidades que no pretenden ejercer la autonomía de manera excepcional sino insertadas en la norma.
La posición de Andalucía en el proceso de reforma está siendo la misma, si bien en circunstancias muy distintas, que la que tuvo en el momento de la definición inicial del Estado Autonómico. Es la comunidad que pone orden fijando la norma estatal. De ahí que, cuando el Parlamento de Cataluña propuso su excepción para el ejercicio del derecho a la autonomía, el problema fuera el de su compatibilidad con la norma estatal. Y ese problema únicamente podía ser resuelto mediante la reforma andaluza. Por eso quienes tenían la responsabilidad de negociar dicha reforma sabían a dónde tenían que dirigir la mirada.
Y efectivamente, así fue. Sin el impulso inicial de Cataluña no se habría puesto en marcha el proceso de reformas estatutarias. Pero sin la reforma andaluza no hubiera podido culminar con éxito la reforma catalana. Esto es algo en lo que se diferencia este proceso de reformas estatutarias de lo que fueron los procesos estatuyentes originarios.
En 1979-81 los procesos estatuyentes de las llamadas nacionalidades históricas pudieron desarrollarse sin tomar en consideración el ejercicio del derecho a la autonomía de las demás regiones españolas. Fue el referéndum de 1980 el que tomó a dichas nacionalidades y fundamentalmente a Cataluña como punto de referencia para la reivindicación del derecho a la autonomía. Transformar la excepción nacionalista en norma estatal fue el resultado de aquél referéndum. De ahí la revisión que tuvo que producirse en la interpretación de la Constitución, canalizada a través de los Pactos Autonómicos de 1981 y 1992, mediante los que se configuró el Estado Autonómico tal como lo conocemos.
Desde entonces estamos en otro momento. Ya no hay ninguna comunidad autónoma que pueda pretender ejercer el derecho a la autonomía sin que tenga que tomar en consideración el ejercicio de dicho derecho por las demás. Esto es lo que diferencia 1979-80 de 2006-2007. En 1989, cuando se negociaron los estatutos de autonomía vasco y catalán, como no se sabía qué tipo de autonomía iban a tener las demás comunidades autónomas, no había por qué tomar en consideración lo que ocurriera en el resto del Estado. En 2006-2007, una vez que tenemos el Estado territorializado por completo en comunidades autónomas que tienen la misma posición en cuanto unidades de descentralización política del mismo, ya no se puede proceder así. En 1979 no había norma estatal en lo que al ejercicio del derecho a la autonomía se refiere. La autonomía se contemplaba solamente como excepción. Hoy existe una norma estatal, que fue la norma andaluza resultante del 28 F.
Hoy ya no es posible la reforma del ejercicio del derecho a la autonomía sin tener como punto de referencia la norma estatal. Por razones sustantivas y procesales, por ser la única comunidad autónoma no nacionalidad histórica constituida por el 151 CE y por ser, en consecuencia, la única cuya reforma estatutaria se negocia de la misma manera que las reformas estatutarias de las nacionalidades con la exigencia de referéndum incluida, Andalucía es la portadora de la norma estatal que opera simultáneamente como límite para cualquier excepción que pretenda imponerse en el ejercicio del derecho y como garantía para todas las demás comunidades que no pretenden ejercer la autonomía de manera excepcional sino insertadas en la norma.
La posición de Andalucía en el proceso de reforma está siendo la misma, si bien en circunstancias muy distintas, que la que tuvo en el momento de la definición inicial del Estado Autonómico. Es la comunidad que pone orden fijando la norma estatal. De ahí que, cuando el Parlamento de Cataluña propuso su excepción para el ejercicio del derecho a la autonomía, el problema fuera el de su compatibilidad con la norma estatal. Y ese problema únicamente podía ser resuelto mediante la reforma andaluza. Por eso quienes tenían la responsabilidad de negociar dicha reforma sabían a dónde tenían que dirigir la mirada.
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Las verdades de María, de Rosa Solbes en El País de la Comunidad Valenciana
A María Pérez Lacruz, La Jabalina de patronímico, la fusilaron a los 25 años por ponerse de parte de la legalidad republicana. Y es probable que el bebé que parió y le robaron en la cárcel aún ande por el mundo, y llegue a abandonarlo, sin conocer unos hechos destapados en el libro Una miliciana en la Columna de Hierro que acaba de editar la Universidad de Valencia. Su autor, Manuel Girona, periodista y ex alcalde de Sagunt y presidente de la Diputación de Valencia que ahora anda "recorriendo archivos y alimentando su memoria". Con tesón ha culminado esta importante investigación que nos arroja de bruces ante una de tantos miles de "verdades incómodas" y por tanto camufladas. Partiendo de la ciudad siderúrgica machacada por los Savoias de Mussolini, la peripecia de aquella joven nacida aragonesa pero emigrada de niña se inicia con su adscripción a las Juventudes Libertarias mientras sirve como doméstica, y sigue con una fugaz estancia en el frente. De Escandón viene a Valencia herida de gravedad, y en Sagunt colabora en la producción de armas para defender la democracia. Inmediatamente después del triunfo de El Movimiento Salvador (en palabras de uno de los capellanes que intervinieron en el caso) es detenida y humillada por las calles. Con este tipo de venganzas, como recoge Girona de las historiadoras aragonesas Ana Aguilera e Inmaculada Blasco, también se quería castigar, purificar y moralizar un comportamiento femenino "que no se ajustaba al esquema de género que la ideología del bando contrarrevolucionario sostenía". Pronto acusan a María "testigos" inspirados por el afán de medrar, el rencor (que su hermana Carmen interpretó incluso como venganza de algunos por expectativas sexuales frustradas) o hasta presionados por la tortura. Así, el sumario va engordando con documentos fechados en "Valencia del Cid" que describen "hechos probados" a cada cual más inverosímil. También se obtuvieron certificados en su defensa, pero por supuesto en el Consejo de Guerra pesarían más declaraciones de este calibre: "Ensalzaba en sus conversaciones la causa roja y denigraba la Nacional"; "por su condición de mujer no pudo apreciarse su ideología política antes del 18 de julio de 1936, aunque era de un carácter bastante libertino"; "dijo haberse comido la oreja de un sacerdote, profiriendo en muchos casos amenazas y frases duras contra elementos de derechas y de orden". Le atribuyeron andar por el pueblo con pistola y haber intervenido en asesinatos y la quema de la iglesia de Sarrión; hasta haber saltado allí sobre el cadáver de un mosén justo durante los días en que se puede documentar que permanecía ingresada en el hospital de Valencia. En el libro queda en evidencia la endeblez de las acusaciones de quienes decían haber escuchado que alguien había oído que...
En fin, tras mil tumbos y penalidades, en 1942 empujaron a María, y a otros obreros y obreras, contra la tapia del cementerio de Paterna. Allí falleció "a consecuencia de heridas penetrantes de pequeño proyectil, en cabeza y tórax, producidas por arma de fuego".
Mi amigo Girona da nombres y apellidos, de unos y otras, y con ellos se va conformando la verdad de la vida y la muerte de La Jabalina, a la que el Ayuntamiento de Sagunt ha acordado dedicar avenida, calle o plaza a propuesta de la Associació de dones Baladre.
Ahora leo que en Catalunya hay pendientes unas 1.000 beatificaciones de mártires de la "barbarie roja": así proclama su verdad una jerarquía eclesiástica que alentó con entusiasmo la rebelión y bendijo la masacre. Pero también hay grupos católicos en la Comissió de la Veritat que el sábado se constituía en Valencia en un acto masivo y emocionante. 70 años después, los nietos de los perdedores reclaman más indagaciones, pregonan sus certezas y reciben sólidos apoyos: "No es justo que unos estén en los altares y otros en las fosas" (E. Climent); "Es cuando no se habla cuando no se superan los problemas" (J. Semprún); "Sin verdad no se puede hacer justicia" (F. Frattini); "Sólo la verdad nos hará ciudadanos plenos y no súbditos" (F. Mayor Zaragoza). "La libertad está aquí para quedarse" (G. Jackson).
En fin, tras mil tumbos y penalidades, en 1942 empujaron a María, y a otros obreros y obreras, contra la tapia del cementerio de Paterna. Allí falleció "a consecuencia de heridas penetrantes de pequeño proyectil, en cabeza y tórax, producidas por arma de fuego".
Mi amigo Girona da nombres y apellidos, de unos y otras, y con ellos se va conformando la verdad de la vida y la muerte de La Jabalina, a la que el Ayuntamiento de Sagunt ha acordado dedicar avenida, calle o plaza a propuesta de la Associació de dones Baladre.
Ahora leo que en Catalunya hay pendientes unas 1.000 beatificaciones de mártires de la "barbarie roja": así proclama su verdad una jerarquía eclesiástica que alentó con entusiasmo la rebelión y bendijo la masacre. Pero también hay grupos católicos en la Comissió de la Veritat que el sábado se constituía en Valencia en un acto masivo y emocionante. 70 años después, los nietos de los perdedores reclaman más indagaciones, pregonan sus certezas y reciben sólidos apoyos: "No es justo que unos estén en los altares y otros en las fosas" (E. Climent); "Es cuando no se habla cuando no se superan los problemas" (J. Semprún); "Sin verdad no se puede hacer justicia" (F. Frattini); "Sólo la verdad nos hará ciudadanos plenos y no súbditos" (F. Mayor Zaragoza). "La libertad está aquí para quedarse" (G. Jackson).
Urbanismo confuso, de Josep Sorribes en El País de la Comunidad Valenciana
Asisto con perplejidad en los últimos días a una serie concatenada de ceremonias de la confusión. Será que la proximidad de las urnas nubla la razón. En Porxinos, una auténtica fotonovela de mala calidad. La Justicia actúa siguiendo la doctrina Parcent y suspende la operación por ausencia del preceptivo informe de la Confederación Hidrográfica del Júcar sobre la existencia de suficientes recursos acuíferos. La derecha contraataca: el conseller Esteban anuncia el recurso correspondiente mientras que el alcalde jura y perjura que tiene pruebas documentales de que en Riba-roja "sobra agua". La Confederación y el PSPV-PSOE reaccionan con cautela: hombre, si hay agua... Las elecciones están cerca y no conviene cargar con el sambenito de "antipatriotas" que quieren hundir al Valencia CF. Mientras esta fantástica trama se desenreda y el sufrido lector de prensa consigue saber a qué atenerse, el conseller Esteban toma otra iniciativa mediática: reúne a un "comité de sabios" para que le digan qué campos de golf debe autorizar. El magnífico comité es un popurrí donde están "representados" todos los intereses y donde no falta el omnipresente, polifacético y poliédrico Alejandro Escribano que actúa de docto profesor, de hombre de confianza de la promoción o de mediador (como en Mestalla) según convenga. Admirable flexibilidad la suya.
Porxinos y los campos de golf. Tanto monta, monta tanto. Dos buenos ejemplos de la "lógica borrosa" que en el campo científico es muy útil pero que en su versión inmobiliaria produce empanada mental e incontinencia verbal. Porxinos , como decía sin recato alguno y con razón Juan Bautista Soler no es más que un PAI más dentro de la miríada aprobados, en trámite o pendientes de ver qué pasa con los pesados de Bruselas. Pero yo creía que -aun siendo importante- el problema estaba lejos de reducirse a la existencia o no de recursos hídricos. Pensaba -ingenuo de mí- que la proliferación de urbanizaciones de baja densidad amparadas en la figura de los PAI presentaba algunas pegas más. Por ejemplo, el ser en muchos casos modificaciones por la puerta falsa de la estructura urbana sin que se hubiera modificado previamente el Plan General. O el estar en el origen de "recalificaciones" de suelo rústico (los famosos pelotazos) con pingües beneficios para los inductores que, además, contaban con el apoyo social de los propietarios agrícolas enriquecidos. O, hilando un poco más fino, generar demandas de recursos públicos en forma de abastecimiento de agua, depuradoras, recogida y eliminación de residuos, seguridad ciudadana etc... que ni de lejos se compensan a medio plazo con los "ingresos extras" del Ayuntamiento. Y, en excesivas ocasiones, fomentando además la motorización privada, degradando el paisaje y esquilmando los recursos naturales. Por no hablar de la exacerbación del dualismo social creciente entre los residentes de urbanizaciones y "los del pueblo". Pensaba incluso que ya se habían entendido las ventajas del urbanismo compacto (que no tiene nada que ver con las criaturas de Cullera, Nou Manises o Nou Milenni de Catarroja) y que el ritmo febril de "artificialización" del suelo iba a controlarse siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea o del Observatorio Español de la Sostenibilidad. Pues no. Al final tiende a imponerse el pensamiento débil. Tener o no tener agua, esa parece ser la cuestión. Y como toda reducción, el resultado no puede ser otro que la confusión. ¿Qué pasa si funciona el invento de las desaladoras del programa AQUA o si por una de aquellas se acaba la pertinaz sequía? ¿Qué puñetas queremos hacer con nuestro territorio? ¿Estamos dispuestos a seguir urbanizando mientras haya demanda turística o de inversión, cualquiera que sea el coste social? Aunque tengamos agua, aunque se resuelvan los contenciosos legales y Bruselas dé luz verde a nuestra peculiar forma de entender el urbanismo, los problemas seguirán siendo en esencia los mismos. Sería triste que una vez más fuera de aplicación la famosa máxima de que todo cambie para que todo siga igual.
Si eso es cierto para todos los Porxinos y Marinas d'Or repartidos por el territorio, pánico me da el famoso comité de sabios. ¡Qué forma de marear la perdiz! Si la afición al golf nos invade y supera, constrúyanse los campos precisos y páguense con las cuotas de los sufridos socios (salvo que lo consideremos deporte "de interés general" a sufragar con los ingresos del común). Pero, por favor, si se trata de transigir con urbanizaciones de adosados con el campo de golf incluido como reclamo, estamos en las mismas de siempre y las razones apuntadas con anterioridad son de estricta aplicación.
Vale que Camps quiera cambiar el "cinturón rojo" de l'Horta por un "cinturón verde", otra frase feliz ininteligible más propia del conseller que se inventó lo del urbanismo color sandía. A sus señorías les gusta la metáfora y la prosa poética y uno es proclive a la comprensión. Pero, si no es mucho pedir, dejen de confundir al personal, por caridad. Como decía El Roto en uno de sus magníficos "chistes" (que son tesis doctorales), no sé si lo tengo todo más claro o estoy confundido a un nivel superior. Me lo haré mirar.
Josep Sorribes es profesor de Economía Regional y Urbana de la Universidad de Valencia.
Porxinos y los campos de golf. Tanto monta, monta tanto. Dos buenos ejemplos de la "lógica borrosa" que en el campo científico es muy útil pero que en su versión inmobiliaria produce empanada mental e incontinencia verbal. Porxinos , como decía sin recato alguno y con razón Juan Bautista Soler no es más que un PAI más dentro de la miríada aprobados, en trámite o pendientes de ver qué pasa con los pesados de Bruselas. Pero yo creía que -aun siendo importante- el problema estaba lejos de reducirse a la existencia o no de recursos hídricos. Pensaba -ingenuo de mí- que la proliferación de urbanizaciones de baja densidad amparadas en la figura de los PAI presentaba algunas pegas más. Por ejemplo, el ser en muchos casos modificaciones por la puerta falsa de la estructura urbana sin que se hubiera modificado previamente el Plan General. O el estar en el origen de "recalificaciones" de suelo rústico (los famosos pelotazos) con pingües beneficios para los inductores que, además, contaban con el apoyo social de los propietarios agrícolas enriquecidos. O, hilando un poco más fino, generar demandas de recursos públicos en forma de abastecimiento de agua, depuradoras, recogida y eliminación de residuos, seguridad ciudadana etc... que ni de lejos se compensan a medio plazo con los "ingresos extras" del Ayuntamiento. Y, en excesivas ocasiones, fomentando además la motorización privada, degradando el paisaje y esquilmando los recursos naturales. Por no hablar de la exacerbación del dualismo social creciente entre los residentes de urbanizaciones y "los del pueblo". Pensaba incluso que ya se habían entendido las ventajas del urbanismo compacto (que no tiene nada que ver con las criaturas de Cullera, Nou Manises o Nou Milenni de Catarroja) y que el ritmo febril de "artificialización" del suelo iba a controlarse siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea o del Observatorio Español de la Sostenibilidad. Pues no. Al final tiende a imponerse el pensamiento débil. Tener o no tener agua, esa parece ser la cuestión. Y como toda reducción, el resultado no puede ser otro que la confusión. ¿Qué pasa si funciona el invento de las desaladoras del programa AQUA o si por una de aquellas se acaba la pertinaz sequía? ¿Qué puñetas queremos hacer con nuestro territorio? ¿Estamos dispuestos a seguir urbanizando mientras haya demanda turística o de inversión, cualquiera que sea el coste social? Aunque tengamos agua, aunque se resuelvan los contenciosos legales y Bruselas dé luz verde a nuestra peculiar forma de entender el urbanismo, los problemas seguirán siendo en esencia los mismos. Sería triste que una vez más fuera de aplicación la famosa máxima de que todo cambie para que todo siga igual.
Si eso es cierto para todos los Porxinos y Marinas d'Or repartidos por el territorio, pánico me da el famoso comité de sabios. ¡Qué forma de marear la perdiz! Si la afición al golf nos invade y supera, constrúyanse los campos precisos y páguense con las cuotas de los sufridos socios (salvo que lo consideremos deporte "de interés general" a sufragar con los ingresos del común). Pero, por favor, si se trata de transigir con urbanizaciones de adosados con el campo de golf incluido como reclamo, estamos en las mismas de siempre y las razones apuntadas con anterioridad son de estricta aplicación.
Vale que Camps quiera cambiar el "cinturón rojo" de l'Horta por un "cinturón verde", otra frase feliz ininteligible más propia del conseller que se inventó lo del urbanismo color sandía. A sus señorías les gusta la metáfora y la prosa poética y uno es proclive a la comprensión. Pero, si no es mucho pedir, dejen de confundir al personal, por caridad. Como decía El Roto en uno de sus magníficos "chistes" (que son tesis doctorales), no sé si lo tengo todo más claro o estoy confundido a un nivel superior. Me lo haré mirar.
Josep Sorribes es profesor de Economía Regional y Urbana de la Universidad de Valencia.
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La agenda arruinada, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña
¡Curioso negocio, éste de la política, que no sólo hace extraños compañeros de cama, sino que te obliga a defender hoy aquello de lo que abominaste ayer! Vean, si no, el caso de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Hace apenas nueve meses, y tras no pocas contorsiones internas, dicho partido resolvió rechazar por insuficiente el nuevo Estatuto catalán, aun sabiendo que tal postura conllevaría -como así fue- su expulsión del Gobierno de Pasqual Maragall. Luego, sus dirigentes arrostraron la incomodidad de una campaña en la que pedían el mismo voto negativo que el Partido Popular, e incluso el propio día del referéndum (el 18 de junio) alguno de esos dirigentes se congratulaba de la magra participación -es decir, de la pobre legitimidad del Estatuto de 2006-, considerándola una victoria estratégica para los objetivos independentistas de Esquerra a medio plazo.
Sin embargo, y una vez reincorporada al Gobierno desde el pasado noviembre, ERC no sólo asume la aplicación de aquel Estatuto tan desdeñado, sino que en los últimos días ha tenido que acudir rauda a su defensa ante los negrísimos nubarrones que lo amenazan. "Corremos el peligro de que el pacto con España se rompa", ha manifestado Josep Lluís Carod -de donde se infiere que esa filfa de Estatuto sintetiza el pacto con España-. Si el Tribunal Constitucional tumbase el Estatuto -explicó el mismo Carod en una conferencia reciente- "resultaría que nosotros, tal como somos y queremos ser, no cabemos en España"; o sea que, pese a sus muchos defectos, el Estatuto expresa cómo somos y queremos ser los catalanes. Convergència i Unió debe "hacer piña" con el Gobierno "para defender el Estatuto", ha reclamado también el presidente de Esquerra. De Esquerra, que deslegitimó ese Estatuto justamente porque era fruto de un pacto a la baja urdido por Convergència...
Pero el propósito de este artículo no es hurgar en las contradicciones del partido republicano, sino mostrar hasta qué punto los acontecimientos de las últimas semanas están poniendo patas arriba la agenda programática del segundo Gobierno tripartito. Es público y notorio que la Entesa Nacional pel Progrés se constituyó, tres meses atrás, con el doble objetivo de aparcar o adormecer la reivindicación nacional -los debates identitarios, las disputas competenciales...- y de enfatizar las políticas sociales. En su discurso de investidura, José Montilla prometió "un Gobierno que consolide una sociedad del bienestar en sus cuatro dimensiones fundamentales: la educación, la sanidad, los servicios a las familias y la ayuda a las personas con autonomía personal reducida". ¿Hablaba sólo en nombre del PSC? No lo crean: todavía el pasado día 7 y en su condición de número dos del Ejecutivo catalán, Carod Rovira anunció "políticas sociales ambiciosas", describió Cataluña como "la patria de la igualdad de oportunidades y la calidad de vida" y reivindicó "un sistema nacional de bienestar" como rasgo básico de la identidad catalana, al mismo nivel que la lengua.
Pues bien, ya sea por casualidad o por propósito deliberado, el hecho es que desde principios de año el Gobierno de Rodríguez Zapatero -que no tiene, me temo, nada de posnacional- parece haber iniciado una ofensiva neojacobina en toda regla, y precisamente por el flanco de las políticas sociales. De los cuatro pilares de la sociedad del bienestar que el presidente Montilla enumeró el 23 de noviembre (educación, sanidad, atención a las familias y ayuda a las personas dependientes), tres acaban de recibir sendos torpedos bajo la línea de flotación: el decreto de enseñanzas mínimas pone en un brete las competencias de la Generalitat en materia educativa; la ley estatal de la Dependencia hipoteca gravemente la futura ley catalana de Servicios Sociales y las políticas cotidianas en este extenso terreno, y el anteproyecto de ley española de Adopciones Internacionales recorta también el margen de acción del Gobierno catalán en este ámbito de la política de familia. Si añadimos a todo esto que también la preservación del medio ambiente forma parte de la sociedad del bienestar, y que Madrid acaba de anunciar un decreto contra el cambio climático decididamente centralista e invasivo con respecto de las comunidades autónomas, el cuadro final resulta bien poco halagüeño para el autogobierno catalán.
O sea, que mientras Aznar se entretenía en hoscas disputas heráldico-sentimentales (las chapas de los automóviles, la obligación de levantarse y recogerse al escuchar el himno español...), el bueno de Rodríguez Zapatero apela al bolsillo de los ciudadanos y a la eficacia y racionalidad de los servicios públicos para homogeneizar las políticas sociales y hacerlas depender, en lo posible, de la Administración central. El propósito de fondo, con todo, es coincidente: qui paga, mana, y si cientos de miles de personas en Cataluña ven al ministerio del señor Caldera -por tomar el ejemplo de la ley de la Dependencia- hacerles la vida un poco más fácil, más cómoda, esas personas acabarán de comprender cuál es el Gobierno de verdad, aquel realmente importante, y cuál otro es una cosa sufragánea, una mera oficina ejecutiva de las decisiones tomadas en Madrid. ¡Y luego nos extrañamos de que la participación sea en las elecciones generales 20 puntos más alta que en las catalanas!
Con todo esto, con los oscuros presagios del vicepresidente Solbes acerca de la nueva financiación autonómica -no habrá más dinero- y a la vista del colosal embrollo en el Tribunal Constitucional, está claro que los anhelos tripartitos de gestionar plácidamente "lo que es necesario en las circunstancias de cada momento" (Montilla dixit) se han ido al garete. El Gobierno de Entesa quiso expulsar los conflictos de competencias, las tensiones territoriales por la puerta de la política, y han regresado por la ventana de lo social. ¿Concluirán de ello PSC, Esquerra e Iniciativa, juntos o por separado, una nueva agenda de prioridades? La solución, quizá, dentro de 100 días justos: los que faltan para las elecciones municipales.
Joan B. Culla i Clarà es historiador.
Sin embargo, y una vez reincorporada al Gobierno desde el pasado noviembre, ERC no sólo asume la aplicación de aquel Estatuto tan desdeñado, sino que en los últimos días ha tenido que acudir rauda a su defensa ante los negrísimos nubarrones que lo amenazan. "Corremos el peligro de que el pacto con España se rompa", ha manifestado Josep Lluís Carod -de donde se infiere que esa filfa de Estatuto sintetiza el pacto con España-. Si el Tribunal Constitucional tumbase el Estatuto -explicó el mismo Carod en una conferencia reciente- "resultaría que nosotros, tal como somos y queremos ser, no cabemos en España"; o sea que, pese a sus muchos defectos, el Estatuto expresa cómo somos y queremos ser los catalanes. Convergència i Unió debe "hacer piña" con el Gobierno "para defender el Estatuto", ha reclamado también el presidente de Esquerra. De Esquerra, que deslegitimó ese Estatuto justamente porque era fruto de un pacto a la baja urdido por Convergència...
Pero el propósito de este artículo no es hurgar en las contradicciones del partido republicano, sino mostrar hasta qué punto los acontecimientos de las últimas semanas están poniendo patas arriba la agenda programática del segundo Gobierno tripartito. Es público y notorio que la Entesa Nacional pel Progrés se constituyó, tres meses atrás, con el doble objetivo de aparcar o adormecer la reivindicación nacional -los debates identitarios, las disputas competenciales...- y de enfatizar las políticas sociales. En su discurso de investidura, José Montilla prometió "un Gobierno que consolide una sociedad del bienestar en sus cuatro dimensiones fundamentales: la educación, la sanidad, los servicios a las familias y la ayuda a las personas con autonomía personal reducida". ¿Hablaba sólo en nombre del PSC? No lo crean: todavía el pasado día 7 y en su condición de número dos del Ejecutivo catalán, Carod Rovira anunció "políticas sociales ambiciosas", describió Cataluña como "la patria de la igualdad de oportunidades y la calidad de vida" y reivindicó "un sistema nacional de bienestar" como rasgo básico de la identidad catalana, al mismo nivel que la lengua.
Pues bien, ya sea por casualidad o por propósito deliberado, el hecho es que desde principios de año el Gobierno de Rodríguez Zapatero -que no tiene, me temo, nada de posnacional- parece haber iniciado una ofensiva neojacobina en toda regla, y precisamente por el flanco de las políticas sociales. De los cuatro pilares de la sociedad del bienestar que el presidente Montilla enumeró el 23 de noviembre (educación, sanidad, atención a las familias y ayuda a las personas dependientes), tres acaban de recibir sendos torpedos bajo la línea de flotación: el decreto de enseñanzas mínimas pone en un brete las competencias de la Generalitat en materia educativa; la ley estatal de la Dependencia hipoteca gravemente la futura ley catalana de Servicios Sociales y las políticas cotidianas en este extenso terreno, y el anteproyecto de ley española de Adopciones Internacionales recorta también el margen de acción del Gobierno catalán en este ámbito de la política de familia. Si añadimos a todo esto que también la preservación del medio ambiente forma parte de la sociedad del bienestar, y que Madrid acaba de anunciar un decreto contra el cambio climático decididamente centralista e invasivo con respecto de las comunidades autónomas, el cuadro final resulta bien poco halagüeño para el autogobierno catalán.
O sea, que mientras Aznar se entretenía en hoscas disputas heráldico-sentimentales (las chapas de los automóviles, la obligación de levantarse y recogerse al escuchar el himno español...), el bueno de Rodríguez Zapatero apela al bolsillo de los ciudadanos y a la eficacia y racionalidad de los servicios públicos para homogeneizar las políticas sociales y hacerlas depender, en lo posible, de la Administración central. El propósito de fondo, con todo, es coincidente: qui paga, mana, y si cientos de miles de personas en Cataluña ven al ministerio del señor Caldera -por tomar el ejemplo de la ley de la Dependencia- hacerles la vida un poco más fácil, más cómoda, esas personas acabarán de comprender cuál es el Gobierno de verdad, aquel realmente importante, y cuál otro es una cosa sufragánea, una mera oficina ejecutiva de las decisiones tomadas en Madrid. ¡Y luego nos extrañamos de que la participación sea en las elecciones generales 20 puntos más alta que en las catalanas!
Con todo esto, con los oscuros presagios del vicepresidente Solbes acerca de la nueva financiación autonómica -no habrá más dinero- y a la vista del colosal embrollo en el Tribunal Constitucional, está claro que los anhelos tripartitos de gestionar plácidamente "lo que es necesario en las circunstancias de cada momento" (Montilla dixit) se han ido al garete. El Gobierno de Entesa quiso expulsar los conflictos de competencias, las tensiones territoriales por la puerta de la política, y han regresado por la ventana de lo social. ¿Concluirán de ello PSC, Esquerra e Iniciativa, juntos o por separado, una nueva agenda de prioridades? La solución, quizá, dentro de 100 días justos: los que faltan para las elecciones municipales.
Joan B. Culla i Clarà es historiador.
El sol frente al viento, de Koldo Unceta en El País del País Vasco
Una de las fábulas más conocidas de Esopo es la que relata el combate librado entre el sol y el viento, tras haberse desafiado mutuamente para comprobar quién era más fuerte de los dos. A tal propósito, decidieron afrontar el reto de quitar los vestidos a un caminante que pasaba junto a ellos. El viento sopló con todas sus fuerzas, pero cuanto más se empeñaba en su tarea, el caminante se apretaba más la ropa, optando incluso por ponerse un abrigo para protegerse. Cuando llegó el turno del sol, éste no se esforzó demasiado: se limitó a lucir su brillo y a dar calor, logrando que en pocos minutos el caminante, sudando, se quitara la ropa y corriera en busca de un río en el que bañarse, demostrándose así la superioridad de la persuasión sobre la furia y la violencia.
La fábula y su moraleja bien podrían aplicarse a las recientes declaraciones de Josu Jon Imaz, en las que abogaba por "cautivar a España" como aspecto clave de su política, declaraciones que no han gustado nada en aquellos sectores del nacionalismo vasco que prefieren seguir instalados en la confrontación permanente. Pareciera que Imaz, consciente de los escasos réditos obtenidos en lo referente al autogobierno mediante el unilateralismo y la confrontación, hubiera decidido seguir a Einstein - "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo", escribió en una ocasión- y dar un golpe de timón en la estrategia de su partido.
Durante los últimos años -los que transcurrieron desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco hasta el rechazo del Plan Ibarretxe por parte del Congreso de los Diputados- la dirección del PNV parecía haberse enfrascado en una dinámica caracterizada por el esencialismo y la bronca, cuyo sentido último ha dado lugar a no pocas interpretaciones. Lo cierto es que Egibar y Arzalluz pueden presentar un único y claro resultado, como producto de su unilateralismo soberanista y de la búsqueda de la confrontación institucional: el haber logrado mantener al PNV en el poder, con todo lo que ello representa, explotando adecuadamente el victimismo generado por la ofuscada política de Aznar y de sus seguidores de dentro y fuera del PP. Ahora bien, nadie debería olvidar -tampoco los que añoran al Arzalluz de los últimos años- que, con el mismo propósito de conservar el poder en unas difíciles circunstancias, hace años EA fue expulsada de las instituciones por defender la autodeterminación. O sea que, cuando se trata de preservar las alubias, lo mismo puede servir una cosa que su contraria.
La simpatía que genera el estilo de Imaz, frente a las maneras abruptas y antipáticas de Arzalluz, refleja que el líder jeltzale es perfectamente consciente de la importancia y de la necesidad de un correcto uso de la inteligencia emocional en los tiempos que corren. Es posible que, con su nuevo discurso, el PNV pueda lograr mayores cotas de autogobierno para el País Vasco, incluido tal vez un nuevo Estatuto cuyos términos pudieran incluso llegar a contentar al mundo de Batasuna. El tiempo lo dirá. Ahora bien, lo que parece claro es que, con su decisión de cautivar a España, Josu Jon Imaz se muestra decidido a intentar cautivar también a una parte de la población vasca que, con el discurso de Egibar y Arzalluz, nunca votaría al nacionalismo. Y ello, implícitamente, supone reconocer dos cosas: una, que la pretensión de mantenerse en el poder pescando en los caladeros de Batasuna es una apuesta demasiado arriesgada para el PNV; y dos, que, fuera de ese mundo, la gente reclama mayoritariamente la negociación y el pacto, y rechaza la confrontación y el unilateralismo.
Con su apuesta por el sol frente al viento, Imaz parece advertir sobre el cambio de ciclo político, sugiriendo al tiempo que el anterior discurso del PNV estaba a punto de agotarse, con el riesgo añadido de una posible pérdida del poder en un futuro más o menos cercano. Sin embargo, puede que tenga que emplearse a fondo, utilizando también ahí toda su inteligencia emocional, para explicar la cosa en algunos sectores de su propio partido, los cuales, durante los últimos años, han asumido con asombrosa naturalidad el limitado y pobre discurso del esencialismo y la confrontación identitaria.
La fábula y su moraleja bien podrían aplicarse a las recientes declaraciones de Josu Jon Imaz, en las que abogaba por "cautivar a España" como aspecto clave de su política, declaraciones que no han gustado nada en aquellos sectores del nacionalismo vasco que prefieren seguir instalados en la confrontación permanente. Pareciera que Imaz, consciente de los escasos réditos obtenidos en lo referente al autogobierno mediante el unilateralismo y la confrontación, hubiera decidido seguir a Einstein - "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo", escribió en una ocasión- y dar un golpe de timón en la estrategia de su partido.
Durante los últimos años -los que transcurrieron desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco hasta el rechazo del Plan Ibarretxe por parte del Congreso de los Diputados- la dirección del PNV parecía haberse enfrascado en una dinámica caracterizada por el esencialismo y la bronca, cuyo sentido último ha dado lugar a no pocas interpretaciones. Lo cierto es que Egibar y Arzalluz pueden presentar un único y claro resultado, como producto de su unilateralismo soberanista y de la búsqueda de la confrontación institucional: el haber logrado mantener al PNV en el poder, con todo lo que ello representa, explotando adecuadamente el victimismo generado por la ofuscada política de Aznar y de sus seguidores de dentro y fuera del PP. Ahora bien, nadie debería olvidar -tampoco los que añoran al Arzalluz de los últimos años- que, con el mismo propósito de conservar el poder en unas difíciles circunstancias, hace años EA fue expulsada de las instituciones por defender la autodeterminación. O sea que, cuando se trata de preservar las alubias, lo mismo puede servir una cosa que su contraria.
La simpatía que genera el estilo de Imaz, frente a las maneras abruptas y antipáticas de Arzalluz, refleja que el líder jeltzale es perfectamente consciente de la importancia y de la necesidad de un correcto uso de la inteligencia emocional en los tiempos que corren. Es posible que, con su nuevo discurso, el PNV pueda lograr mayores cotas de autogobierno para el País Vasco, incluido tal vez un nuevo Estatuto cuyos términos pudieran incluso llegar a contentar al mundo de Batasuna. El tiempo lo dirá. Ahora bien, lo que parece claro es que, con su decisión de cautivar a España, Josu Jon Imaz se muestra decidido a intentar cautivar también a una parte de la población vasca que, con el discurso de Egibar y Arzalluz, nunca votaría al nacionalismo. Y ello, implícitamente, supone reconocer dos cosas: una, que la pretensión de mantenerse en el poder pescando en los caladeros de Batasuna es una apuesta demasiado arriesgada para el PNV; y dos, que, fuera de ese mundo, la gente reclama mayoritariamente la negociación y el pacto, y rechaza la confrontación y el unilateralismo.
Con su apuesta por el sol frente al viento, Imaz parece advertir sobre el cambio de ciclo político, sugiriendo al tiempo que el anterior discurso del PNV estaba a punto de agotarse, con el riesgo añadido de una posible pérdida del poder en un futuro más o menos cercano. Sin embargo, puede que tenga que emplearse a fondo, utilizando también ahí toda su inteligencia emocional, para explicar la cosa en algunos sectores de su propio partido, los cuales, durante los últimos años, han asumido con asombrosa naturalidad el limitado y pobre discurso del esencialismo y la confrontación identitaria.
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Josu Jon Imaz,
negociación y el pacto
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